Estamos doblados por los ganchos al hígado
- 15/05/2026 00:00
Suena la campana y el desempleo sale de su esquina con un físico intimidante, moviendo las piernas con la agilidad de quien se sabe dueño del cuadrilátero. En el centro del ring, Pablo pueblo intenta conectar el jab de la estabilidad, pero se encuentra con una defensa de hormigón: un mercado laboral que finta con vacantes fantasmales y conecta ganchos al hígado.
El “Gigante de la Desocupación” no da tregua; aprovecha cada descuido en la inversión para acorralar a la juventud contra las cuerdas, dejándolos sin aire y buscando desesperadamente el clinch de un subsidio o un “camarón” de última hora.
La pelea entra en los asaltos clave y el cansancio se nota en el rostro de la clase media. El desempleo, con una pegada de peso pesado, lanza un recto de derecha llamado inflación, que debilita las piernas de cualquier presupuesto familiar. Es un combate de desgaste donde los jueces, las frías estadísticas, no parecen estar del lado del local.
Llegamos al último asalto y la afición en las gradas exige un nocaut a la desidia. Para darle la vuelta a esta pelea, se necesita un entrenamiento intensivo en educación digital y un promotor que apueste de verdad por el agro y la industria.
No basta con aguantar los golpes y esperar que suene la campana final; si el país quiere levantar el cinturón del progreso, debe salir a proponer.