Estamos acorralados y sin defensa
- 22/09/2026 00:00
Caminar por las aceras de la ciudad capital o recorrer las veredas empinadas de San Miguelito se ha convertido en un constante esquive de focos de contaminación. La acumulación irregular de desechos dejó de ser una eventualidad estacional para consolidarse como una crisis urbana estructural.
El fondo del asunto expone una severa falta de planificación técnica y sostenibilidad. Mientras en el centro metropolitano las fallas de logística y la flota desgastada dilatan las frecuencias de paso, en San Miguelito ocurre algo similar, acrecentado por el poco presupuesto.
Esta dependencia de remiendos financieros perpetúa un modelo reactivo en el que las autoridades solo intervienen tras el desborde mediático o la protesta vecinal, posponiendo indefinidamente aspectos medulares como la zonificación eficiente de rutas, el tratamiento adecuado en Cerro Patacón y la separación en la fuente.
Las consecuencias directas las padece la ciudadanía, atrapada entre la deficiencia del servicio y la insalubridad. La proliferación de los llamados “pataconcitos” en quebradas, esquinas comunitarias y avenidas principales no surge únicamente del déficit de cultura ambiental, pretexto recurrente para desviar responsabilidades, sino de la desesperación de barrios enteros donde el camión compactador tarda semanas en pasar.