¿Estado fallido? No. ¡Un estado desmocratizado!
- 06/07/2026 00:00
Imagínense a grupo de estudiantes planeando organizar una fiesta. Las ideas fluyendo sin parar, y sin poder llegar a entendimientos en nada. De pronto, al fondo del salón alguien apareció y ofreció costear todos los gastos “del parkeo” Entre gritos y vítores todos lo festejaron, sin importarles que desde ese momento el improvisado patrocinador, asumiría el total control de la fiesta.
El día de la fiesta llegó. Sin embargo, todos compartían su incomodidad por las exigencias impuestas, por el tipo de ropa, la iluminación, y sobre todo la música, mismos que rapidito llegaron a oídos del anfitrión. Su respuesta no se hizo esperar: ¡si no les gusta, se pueden ir!. Y como suele suceder, los pocos se fueron indignados, y los muchos, ya hacían planes para el próximo la rumbón.
No es fácil entender cómo funcionan en democracia el Estado, la sociedad y los mandatarios. Hay que estar claro que para considerar que el poder público realmente emanará del pueblo, la sociedad debe estar organizada según sus intereses. Y si los gobernantes lo obstaculizan, en esto tenemos el primer gran obstáculo.
Sin importar que la sociedad esté desordenada, el Ejecutivo sigue administrando, el Legislativo sigue dictando les leyes, y el Judicial sigue dictando fallos, así que todo funciona con “normalidad”, por obra del influjo que ejerce el “poder real” sobre el poder institucional. Si esta relación de “control reciproco” se llegara a debilitar, el orden público en defensa del sistema, activaría los tenebrosos “golpes de Estado”.
Precisamente cuestionamos la corrupción, no porque ella aumente la desconfianza ciudadana, sino porque fragmenta a la sociedad, la que sucumbe indefensa ante la demagogia. En esas condiciones, el peso de ciudadanía se centra en el ruido que provoca, golpeando a los gobiernos, o favoreciendo a los politiqueros.
Esto explica que mientras los problemas sociales crecen, el compromiso de atención estatal no aparece como prioridad para el gobierno. Inducido desde el poder, la corrupción “sirvió, sirve y servirá” a este nefasto proceso de “desmocratización”. Por eso, el Estado no atenderá los clamores violentos o silentes del pueblo, salvo que considere que no afectan los intereses de “los círculos del poder”.