En “nuestra democracia”: ¿Avanzamos o retrocedemos?
- 16/05/2026 00:00
En una nota publicada ayer en La Decana, la periodista Adriana Berna, al recordar que el 12 de mayo era la fecha de su natalicio, destacaba el legado de Guillermo Endara Galimany y la trascendencia de su gobierno como punto inflexión entre la dictadura de Noriega y la restauración formal de la democracia.
En contados momentos de nuestra historia post independencia, se han consolidado corrientes tan abrumadoramente mayoritarias a favor o en contra de una causa. Comparados los resultados, por ejemplo, del referendo que ratificó los tratados del canal que, según las cifras oficiales recibieron un respaldo medianamente superior al 60%, con los votos recibidos por la nómina de la ADO-Civilista, que encabezó Endara en las elecciones de 1989, estos, al sobrepasar el 72%, son la mayor coincidencia de voluntades registrada en nuestra vida republicana. Un pueblo que había acumulado frustraciones y niveles de repudio, como nunca antes se habían experimentado en nuestro país, los volcó en su rechazo a la candidatura de los cuarteles y depósito sus esperanzas en la alternativa civilista.
Cuando Endara asumió la presidencia, el Producto Interior había descendido al, menos 17%, la nación estaba empantanada en una crisis bancaria y se pagaban los sueldos con pagarés, para solo mencionar algunos de los indicadores más negativos. Al final de su gestión, y producto de un esfuerzo concertado, se recuperó el crecimiento económico a cifras superiores al 5%; se ordenaron las finanzas públicas y se echaron las bases para restablecer el régimen democrático. Desde entonces, se ha celebrado 7 elecciones, en las que se han contado los votos y se ha declarado vencedor o vencedora al candidato que, de acuerdo a las reglas electorales, las ganó en buena lid.
Pero transcurridos 36 años, con oscilaciones económicas que hoy nos aproximan a una crisis de la finanzas públicas, con un desempleo y pobrezas galopantes, ante la evidente incapacidad de una clase política incompetente, en la que existe una acentuada orfandad de ideas constructivas, en la que se anteponen las conveniencias personales al interés general y, además, estamos atrapados en un sistema electorero que patrocina una antidemocracia, al recordar a Endara, debemos reconocer que no hemos avanzado, sino, por el contrario, retrocedido abismalmente.