“En las aulas se mueven febriles mil halcones que ya volarán”
- 11/07/2026 00:00
Aún tengo presente en mis recuerdos la emoción que sentí el día que traspuse la guardia impertérrita de las majestuosas esfinges de bronce que vigilan su entrada. Viniendo de las afueras de la ciudad, fue gracias el tesón de doña Rosaura (mi madre) y a la ayuda de personas que recuerdo con gratitud, que pude ser institutor.
Esos seis años de formación, culminados con un diploma de Bachiller en Humanidades, como a todos los que compartimos en sus aulas nos formaron para siempre. Somos y seremos siempre institutores. Así lo sentimos todos los que fuimos marcados por esa época de nuestras vidas.
“En las aulas se mueven febriles mil halcones que ya volarán”. Que esas líneas se las debamos al más grande cantor de la patria es otro privilegio imperecedero. Los halcones (y las halconas, a partir desde la conversión a escuela mixta), así bautizados por Ricardo Miró, comenzaron a volar desde sus primeras promociones. Lo hicieron en todas las direcciones de nuestra geografía y también en todos los ámbitos de la vida nacional. Algunos fueron mártires y los cobija una tierra sembrada con sus sangres; otros han ocupado posiciones señeras en la vida nacional, con los resultados acordes a sus capacidades y empeños. Algunos no realizaron todos sus sueños y otros están por realizarlos; pero sus distintas generaciones, cualesquiera sean los campos en que desarrollen sus vidas, seguirán siendo fieles a los valores que aprendimos en sus aulas, inculcados con mística y devoción por tantos educadores ejemplares, de quienes guardamos los mejores recuerdos y a los que debemos eterno agradecimiento.
En cada una de sus promociones siempre hubo compañeros y compañeras que han hecho de mantenernos vinculados una tarea casi sagrada. Todos ellos y ellas han sido auténticas “almas institutoras”, conservando recuerdos y anécdotas que han alegrado nuestros periódicos encuentros o nos han recordado a los compañeros y compañeras que han partido.
En la nuestra esa misión la asumió Inés María Ramos, viva encarnación de esa ALMA INSTITUTORA. Hoy nos regocijamos de que siga siendo la personificación de ese espíritu y que podamos acompañarla, junto a sus familiares, para celebrar su cumpleaños y una vida plena, dedicada a sembrar y cosechar.