(segunda parte)
- 01/07/2026 00:00
Si nos remontamos a la actualidad, hemos visto estudiantes que inicialmente participaban como simples espectadores en torneos intercolegiales de debate. Al preguntarles por qué no intervenían, la respuesta solía ser la timidez. Sin embargo, con el paso de los años, muchos de ellos se convirtieron en grandes expositores, capaces de defender sus propios criterios en presentaciones orales, ensayos y defensas monográficas, además de llegar a ser líderes empresariales después de graduarse.
¿Y qué hacer con aquellos jóvenes que continúan siendo tímidos? ¿Deben dejar de ser atendidos, sobre todo cuando esta condición suele manifestarse durante la adolescencia? Evidentemente, la respuesta es no. Más aún cuando a maestros y maestras les corresponde no solo transmitir conocimientos, sino también formar valores y actitudes.
Lo primero será identificar a la persona tímida y ayudarla a no concentrarse en pensamientos negativos que generan temor y limitan su capacidad para comunicarse. También es importante hacerle comprender que la vida no es sencilla y que, en ocasiones, será necesario recurrir a técnicas de relajación que fortalezcan la toma de decisiones, sin miedo a equivocarse. Todos tenemos derecho a cometer errores; equivocarse es parte de la condición humana.
Debemos enseñarles que hablar ante un público no significa tomar valor para hacerlo, sino encontrarlo durante el proceso. Si ese aprendizaje se fortalece poco a poco en el aula y la familia se involucra activamente en el acompañamiento, será posible superar la timidez y abrir el camino hacia una comunicación más segura y plena.