Elección de rector en la U. de Panamá
- 09/06/2026 00:00
Como que pareciera inoportuno hablar de la Universidad, en momentos en los temas de la mina y la ineficacia policíaca, encienden los ánimos ciudadanos. Sin embargo, sí existe conexión pues al radicalizarse las posiciones oficiales y ciudadanas enfrentadas, se asegura la agudización de la crisis nacional.
En este “impasse”, el país hoy necesita de una nueva Rectoría que le ponga fin al silencio impuesto a la ciencia, cuyos aportes imparciales facilitarían lograr esos necesarios entendimientos, indispensables para resolver los problemas del presente y los del futuro.
A la luz de los resultados obtenidos tras valorar el cumplimiento de su misión educativa, la Universidad de Panamá no sale bien librada, pues la politiquería sistemáticamente la llevó “de a poco”, a sacrificar la excelencia académica.
De esta afirmación no debe interpretarse que postulamos por recuperar su carácter selectivo. Todos tenemos derecho a acceder a ella, siempre que las cualidades y las competencias que se cultiven, sea la que nos den la última palabra.
La ciencia y la política son irreconciliables. Con el reconocimiento constitucional de la autonomía universitaria, se le ofreció una especie de blindaje “antipolítico”, tanto para su capacidad de autogobernarse, así para como desarrollar la investigación científica sin interferencias.
La Universidad de Panamá fue concebida por sus gestores como el faro que brindaría luz a una Nación que daba sus primeros pasos en soberanía y libertad, sin pretender reemplazar a la política. El mal matrimonio de la ciencia con el poder, llegó a convertir a la Casa de Méndez Pereira en centro de estudios interesado en otorgar títulos y diplomas a granel.
No conozco a ninguno de los candidatos a la Rectoría, y sólo espero que sus listados de propuestas sean diferentes a las presentadas en los torneos anteriores. El país pierde con una Universidad enclaustrada, y ganaría mucho con una Universidad capaz de “cuestionar y proponer” rumbos.
La verdad declarada por la boca de la cátedra, se impone a la verdad parcializada y oportunista difundida desde el poder. Es hora de que la comunidad universitaria se atreva a apostar por el cambio, y escojan a un Rector o Rectora que nos conduzca por la luz del conocimiento.