El primer día de clases

  • 03/03/2026 00:00

Conservo los recuerdos de mi primer día de clases. Sentí miedo y ansiedad, pero intuía con inocencia que en jugando con masilla, pasaría momentos felices De eso ya ha pasado tanto tiempo, y hoy sólo me basta pararme ante aquel vetusto edificio.

La misma historia la empezarán a vivir esta semana miles de niños y adolescentes panameños, unos de las manos de sus parientes, y los más grandecitos ya llegan solos. ¿Qué debería de tener de especial este día? Todo, pues tras cada estudiante hay habilidades y recursos en potencia, que deben ser descubiertas y pulidas bajo la guía y orientación de sus educadores.

¿Y si eso no se logra? Lamentablemente, nunca pasa nada. La ciudadanía culpa a los políticos, las autoridades a los docentes y viceversa, pero todos se tranquilizan “echándole el muerto a la familia”. En esa cadena de irresponsabilidades, pareciera que es como plantar semillitas en un terreno estéril, la que a paso lento se irá secando, lo que servirá de excusa a la politiquería para pedir en las elecciones “el voto castigo”.

Hoy vivo al frente de una escuela primaria, y disfruto el bullicio matutino de los niños llegando a clases. Es un síntoma de la alegría sincera de niños y niñas que sin saberlo, empezarán a conectarse con su realidad, misma en la que los espacios de dignidad y respeto se ganan librando competencias en desventaja, en ausencia absoluta de solidaridad, e indiferencia por el mal ajeno.

Cada inicio de clases, merecería ser declarado “día feriado”, honrando así los sueños de grandeza futura de cada familia que depositan en las escuelas. Esta iniciativa no prosperaría, por5que al poder le complace que siga vigente nuestro anacrónico “sistema educativo”. Pero, aunque todos los componentes políticos involucrados ”pasen agachados”, ante la historia, no habrá forma de despojarnos de ese aroma que emanan las sociedades fracasadas.

Mis deseos de éxito a los estudiantes que continúan esperanzados sus estudios primarios o secundarios, y también a los que hoy se presentan luciendo sus uniformes planchaditos. El reto está planteado: o hacemos un esfuerzo incondicional por modernizar la educación nacional, o nos despedimos de aquel anhelo generacional de ser una patria libre.