El precio de un like

  • 06/05/2026 00:00

En esta última semana, he comido toneladas de palomillas caramelizadas cuyo azúcar me costará un mes de austeridad eliminar. Vi dos películas: Michael y El diablo se viste de Prada. Aprecié similitudes entre Michel Jackson y Miranda Priestly que me pusieron a reflexionar sobre nuestro comportamiento individual en sociedad ante la necesidad de reconocimiento de los otros y cómo esto se puede convertir en una esclavitud que nos desconecta de nosotros para hacernos dependientes de la aprobación externa.

La trampa en la que podemos caer es la búsqueda y la consolidación del éxito que está inherente al reconocimiento social. Mientras que en Michael los escenarios eran su refugio y a la vez se construyó una barrera hacia los otros, para Miranda, la búsqueda del poder se daba a través de construir un imperio de la moda y su opinión podía elevar o destruir carreras, obligándola a mantener una línea de comportamiento todo el tiempo.

Queremos encajar y ser reconocidos, pero hacernos dependientes de la aprobación y reconocimiento para sentirnos apreciados y admirados nos está enfermando como sociedad.

Nuestra identidad se está deformando, ya que esta se construye de adentro hacia afuera. Ahora se edifica de afuera (opinión externa) hacia adentro. Soy como me perciben, y un «me gusta» puede generar placer e identidad con base en el reconocimiento externo. Michael necesitaba un éxito mayor para sentirse vivo y Miranda necesitaba seguir escalando posiciones de poder.

Darles el poder a otros sobre nuestras cosas nos aísla de nosotros mismos, perdiendo valioso tiempo de intimidad personal. La privacidad es una joya invaluable que permite ser y existir. Un café se puede enfriar esperando una foto. El calor de una abrazo no necesita audiencia.