El mundo después del 11-S
- 14/09/2026 00:00
El viernes pasado, 11 de septiembre, se cumplieron 25 años de los atroces ataques atribuidos a Al Qaeda contra el corazón del centro financiero mundial y contra uno de los principales símbolos de la defensa estadounidense. Ese día, dos aviones se estrellaron contra el World Trade Center, las Torres Gemelas de Nueva York, que simbolizaban el poder económico de Estados Unidos, y otro impactó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa, en las proximidades de Washington, D. C.
Ese día cambió al mundo. Se inició la llamada guerra contra el terrorismo, especialmente por parte de Estados Unidos, que respondió con la invasión de Afganistán y extendió posteriormente esa lucha a numerosos países y organizaciones.
Cambiaron también las reglas de la seguridad internacional, especialmente en lo relativo a los controles aeroportuarios, el intercambio de información entre agencias de inteligencia y la vigilancia de las comunicaciones y de los movimientos financieros.
Estados Unidos concentró ingentes recursos en esa lucha, valiéndose de ella como una de las principales prioridades de su política exterior, y logró colocar el terrorismo en el centro de la agenda de organismos internacionales como las Naciones Unidas y la OTAN. En este último organismo, Estados Unidos tiene el mayor peso militar. Por primera vez en su historia, la OTAN invocó un artículo que establece que un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos.
El 11-S mostró la fragilidad de una nación que durante mucho tiempo se había considerado protegida de ataques externos de gran magnitud. Se aprobaron nuevas leyes y se crearon mecanismos de vigilancia que, en algunos casos, fueron duramente cuestionados por considerar que vulneraban determinadas libertades individuales.
Desde entonces, viajar en avión y entrar en determinados edificios nunca ha vuelto a ser igual. También se fue incubando un sentimiento de discriminación y xenofobia en distintos países, particularmente hacia las personas musulmanas, que en muchos casos fueron injustamente asociadas con el terrorismo.
Además de constituir una tragedia humana de enormes proporciones, el 11-S puso fin a la aparente sensación de seguridad que había caracterizado el final de la Guerra Fría y colocó el terrorismo internacional, la seguridad y la lucha por preservar las libertades civiles en el centro de la agenda mundial.
Veinticinco años después, aquel trauma sigue presente en la política internacional, en las relaciones entre Occidente y el mundo musulmán y, de alguna manera, en la forma en que entendemos la seguridad global.