El inicio de una clase es importante, no importa la edad del estudiante (II parte)

  • 25/02/2026 00:00

Como parte de mis funciones me correspondía observar clases —acompañamientos— a profesores de estudios generales (Comunicación y Lenguaje, matemática básica, sociología, filosofía, antropología, entre otras). Aprendía cada día más; aprovecho para destacar que era un colectivo extraordinario, muy profesional.

Obviamente, algunas clases resultaban más relevantes que otras, pero siempre me atraían aquellas que rompían la —pésima y aún vigente en ciertos casos— tradición de iniciar diciendo: “Buenos días o buenas tardes, ¿hicieron la tarea? El tema que nos corresponde hoy es el siguiente...”.

¿Qué hacían diferente? Un giro de 180 grados. Saludaban e indagaban cómo se sentían, qué libro estaban leyendo como parte de su cultura general, qué habían hecho el fin de semana que les llamara la atención. A partir de esos comentarios, el docente, casi por arte de magia, conectaba con el título de la clase. ¡Excelente!

No hace mucho observé en redes sociales un video educativo: una fila de estudiantes esperaba para entrar al aula. Antes de ingresar debían tocar en un mural una de tres opciones: dos manos, un corazón o una nota musical. Si elegían las manos, chocaban con la profesora; si seleccionaban el corazón, la abrazaban; si optaban por la nota musical, bailaban unos segundos. En todos los casos predominaban sonrisas, alegría y un cambio emocional positivo antes de comenzar la lección.

¿Viable para universitarios? Categóricamente sí. Quizás la dinámica deba adaptarse, pero el principio es el mismo: conectar primero con la emoción. ¿Un abrazo? No tiene edad. ¿Chocar las manos? Tampoco. ¿Bailar? Al menos a mí me encanta la música.

Recuerdo que aquel día del seminario proyectaron un video de un conejo bailando y tirándose al piso. Yo lo imité sin dudarlo. Porque aprender también es atreverse a jugar.

En todos los casos predominaban sonrisas, alegría y un cambio emocional positivo antes de comenzar la lección.