El estigma generacional y la puerta giratoria: Advertencia al empresario parásito

  • 25/06/2026 08:13

La memoria histórica no se compra. El rechazo de un galardón por dignidad ética ante un apellido manchado lo demuestra. También las preguntas directas de universitarios sobre desfalcos del pasado. Por más brillante que sea la conferencia de un descendiente, el origen del capital familiar sabotea su mérito. El dinero acumulado a expensas de los fondos públicos no es una herencia. Es un lastre público. Del escarnio no librarán a hijos y nietos.

El empresario parásito utiliza la “puerta giratoria” para capturar los recursos de la ciudadanía. El entramado legal tipifica estas conductas de forma estricta. El Código Penal castiga la corrupción y el tráfico de influencias con penas de hasta ocho años de prisión. La Ley de Contrataciones Públicas prohíbe el beneficio particular. Envalentonados por el poder, de inmortalidad efímera, actores se distancian de sus juntas directivas días antes de asumir el cargo para simular legalidad.

La competencia judicial especial dilata los expedientes en el Ministerio Público, garantizando impunidad. Los bufetes corporativos apuestan a la prescripción mediante tácticas dilatorias. Se camina por la orilla de la ley gracias a la selectividad del poder.

Los hechos y la data en ministerios clave confirman este esquema de beneficio privado:

• Ministerio de Obras Públicas (MOP): El ministro José Luis Andrade presidía la empresa contratista de una obra vial de millones de dólares. Cedió los derechos días antes de asumir el puesto. Bajo su gestión, el MOP aprobó una adenda presupuestaria en beneficio del consorcio receptor. Nombró como director de diseños al ingeniero de su antiguo proyecto privado.

• Ministerio de Salud (MINSA): El ministro Fernando Boyd Galindo acumula denuncias penales. Se le cuestiona la intervención activa a favor de una empresa encargada de la limpieza hospitalaria. Los registros confirman que el funcionario mantuvo vínculos societarios previos con dicha corporación.

El blindaje del cargo es transitorio. Al perder el poder, la justicia ordinaria reactiva las denuncias judiciales pendientes. Su defensa entonces será alegar malquerencia. Si son condenados, buscarán un indulto presidencial. El veredicto social es inapelable. El negocio fácil de hoy es el repudio social de su descendencia mañana. La historia no prescribe.