El costo invisible del “no me dé factura”
- 21/01/2026 00:00
El próximo “no me dé factura” se convierte en el agujero por el que se escapan millones
Cuando hablamos de evasión fiscal, no puedo evitar recordar las clases de presupuesto con el profesor Samudio, quien nos envió a estudiar la ley presupuestaria.
Ahí encontramos la definición precisa: evasión fiscal administrativa es cuando el contribuyente realiza cualquier acción u omisión dolosa para reducir, eliminar o demorar el pago de obligaciones tributarias.
Cuando el monto defraudado supera los 300 mil balboas en un año fiscal, según la Ley 76 de 2019, deja de ser una multa administrativa y se convierte en delito penal.
La escena se repite miles de veces al día en Panamá: él comerciante pregunta “¿quiere factura?” y el cliente responde “no, gracias”. Con ese simple gesto, ambos se vuelven cómplices de la evasión fiscal más común del país.
El comerciante no registra la venta, el comprador se ahorra el 7% de ITBMS y el Estado pierde millones que debían financiar hospitales, escuelas y carreteras.Entre las formas más comunes de evasión están llevar contabilidad fraudulenta, usar facturas falsas, ocultar ingresos e inscribir ficticios como contribuyentes.
Pero la más visible es precisamente esa: el ocultamiento de ingresos.Cuando el comprador acepta el precio “sin ITBMS”, el dinero va directo a caja sin dejar rastro contable. Desaparece del libro de ingresos y con él, el impuesto que debía llegar al fisco. No es un descuento: es una infracción tipificada en el artículo 285.1 del Código de Procedimiento Tributario.
La excusa del siglo
“Total, el gobierno roba más”, dice la gente. El comentario suena lógico hasta que se traduce en cifras. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, Panamá se endeudó en 6,320 millones de dólares (17.3 millones cada día) para cubrir el déficit entre gastos e ingresos.
Esa suma supera el presupuesto anual del Meduca (4,864 millones), equivale a 1.5 veces el costo de la Línea 3 del Metro (4,000 millones) y representa 1,300 dólares adicionales de deuda por cada panameño en solo un año.La deuda total del país ya alcanza 59,000 millones de dólares: 13,00 dólares por habitante.
Y mientras tanto, el déficit sigue creciendo al ritmo de un millón de dólares cada 83 minutos.Cada venta que se oculta no le quita un centavo al político corrupto. Le quita recursos al país para pagar intereses, construir hospitales y mantener escuelas.
Ignorar la evasión porque “de todos modos se roba” es como robarle la llanta de repuesto a un auto que ya tiene el tanque vacío: el daño no se le hace al conductor malo, se le hace al próximo pasajero. Y ese pasajero somos todos.
La matemática de las monedas”Son solo cinco balboas por un café”, dirá alguien. Pero esas monedas, multiplicadas, revelan una realidad alarmante.
Si en Panamá, donde viven alrededor de 4.5 millones de personas, imaginemos que un 70 % tiene ingresos y capacidad de consumo (es decir, unos 3.1 millones de ciudadanos), basta con que cada uno deje de pagar solo 1.05 dólares diarios en concepto de ITBMS para que el Estado deje de percibir aproximadamente 3.25 millones de dólares al día.
En una semana, esa cifra asciende a 22.7 millones, monto similar al costo de infraestructura pública esencial como un hospital modular de tercer nivel. En un mes, la pérdida supera los 100 millones de dólares, y al cierre de un año alcanza aproximadamente 1,190 millones de dólares, es decir, más de mil millones de dólares que dejan de ingresar a las arcas del Estado.
Una cifra que, por sí sola, evidencia el enorme impacto que tiene la evasión fiscal cotidiana en la capacidad del país para invertir en salud, educación y desarrollo social. Comparemos esa cifra con los 6,320 millones que el país tuvo que pedir prestado en el último año fiscal.
l dinero evaporado por la “micro-evasión” del dólar y cinco centavos representa el 19% de ese hueco.Dicho de otro modo: si esos 1,190 millones hubieran ingresado a la Dirección General de Ingresos, Panamá habría necesitado contraer cerca de mil millones menos en deuda, pagar menos intereses y destinar más recursos a los servicios públicos.
El costo de normalizar
La evasión fiscal no es un delito de grandes magnates. Es la suma de pequeñas negaciones que, al final, todos los contribuyentes firman con la factura más cara: la deuda que dejaremos a nuestros hijos.Cada vez que justificamos la evasión con “total, es poquito” o “el gobierno roba más”, estamos financiando el mismo déficit que luego pagaremos con más deuda, más impuestos o menos servicios.
Como señalan los investigadores Ashforth y Anand (2003), cada pequeño acto genera disonancia cognitiva que se resuelve con la ideología local: “si todos lo hacen, no puede estar tan mal”. Así, la corrupción deja de ser un escándalo para convertirse en rito de paso.El próximo “no me dé factura” puede parecer insignificante. Pero multiplicado por millones de panameños y 365 días al año, se convierte en el agujero por el que se escapan mil millones de razones para no seguir endeudándonos.
Novelista y poeta