El Cangrejo, entre el abandono y la especulación

  • 27/07/2026 00:00

A medida que aumenta la población de la ciudad y se pierde el control sobre el desarrollo inmobiliario —que no siempre va acompañado de una verdadera planificación urbanística— las calles se vuelven más caóticas, proliferan las infracciones de tránsito, los motorizados circulan sin respetar las normas y la tala indiscriminada de árboles continúa reduciendo los escasos espacios verdes.

El Cangrejo, un barrio que todavía es considerado uno de los mejores lugares para vivir —incluso ha sido destacado por la revista Forbes por su calidad de vida y su carácter caminable— está perdiendo paulatinamente su identidad, su tranquilidad y su seguridad. La presión inmobiliaria y la especulación amenazan un modelo urbano que durante décadas fue ejemplo de convivencia entre viviendas, comercio y espacios públicos.

El parque Andrés Bello, el segundo más grande del corregimiento de Bella Vista, después del Parque Urracá, refleja ese abandono. Sus instalaciones se deterioran aceleradamente, el mantenimiento es insuficiente y los vecinos observan con preocupación la creciente presencia de personas en situación de calle, consumidores de drogas y otros problemas de convivencia que afectan la percepción de seguridad. Pese a los reiterados reclamos ciudadanos, las respuestas de las autoridades locales siguen siendo insuficientes.

Desde la Asociación de Propietarios y Residentes de El Cangrejo (AREPROCAN) mantenemos abiertos diversos frentes de defensa del barrio. El más conocido es nuestra oposición al proyecto LOV, dos torres de quince pisos que incorporarían 256 nuevas viviendas sobre la estrecha calle Arturo Motta, una vía servida por infraestructura construida hace casi ocho décadas y que ya muestra claros signos de saturación. A ello se suman otros proyectos que incrementan la densidad sin que exista una planificación integral para atender las consecuencias sobre el agua potable, el alcantarillado, la movilidad y los espacios públicos.

El Cangrejo no necesita más improvisación. Necesita planificación, respeto por su patrimonio urbano y autoridades que comprendan que el desarrollo no consiste únicamente en construir más edificios, sino en preservar la calidad de vida de quienes habitan el barrio.

Es hora de que el alcalde Mayer Mizrachi, el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial vuelvan la mirada hacia este emblemático sector de la ciudad antes de que el deterioro resulte irreversible. Defender El Cangrejo no significa oponerse al progreso; significa exigir un desarrollo urbano responsable, sostenible y compatible con el bienestar de sus residentes.