Darle una oportunidad a la paz
- 06/04/2026 00:00
Volví a la ciudad donde, hace 26 años, traje a mi hija a estudiar y donde ella decidió quedarse, echar raíces y formar una familia. Siempre me ha fascinado esta región francófona del segundo país más grande del mundo, Canadá, donde los inviernos no dan tregua. Y, aunque en teoría la primavera ya ha comenzado, las temperaturas apenas logran asomarse por encima de los cero grados, mientras el viento se encarga de recordarte, sin piedad, que el frío aquí siempre encuentra la manera de colarse.
Desde aquel año 2000 en que viajamos a Montreal, no he dejado de visitarla casi anualmente, salvo durante la pandemia y mi estancia en Türkiye. Incluso hace tres años volé directamente desde Estambul para pasar la Navidad con la hermosa familia que mi hija ha construido.
Ahora que mi nieto tiene edad suficiente para escuchar historias —y cuestionarlo todo, como buen adolescente curioso—, pasábamos frente al Hotel Queen Elizabeth cuando le conté que allí, en 1968, el ex Beatle John Lennon se “encamó” junto a su esposa, Yoko Ono, durante siete días. Ocuparon varias habitaciones de ese emblemático hotel y, desde allí, lanzaron al mundo un mensaje tan simple como poderoso: Give Peace a Chance.
El chico no sabía quién era Lennon, aunque sí sabe de los Beatles. Le expliqué entonces aquella singular protesta pacífica, bautizada por los medios como la “encamada por la paz”, en la que ambos artistas alzaron su voz contra la guerra de Vietnam. Desde una de las habitaciones, acompañados de otros músicos y activistas, grabaron esa canción que se convertiría en un himno.
En 2019, al cumplirse 50 años de aquel gesto, la Royal Canadian Mint acuñó una edición limitada de una moneda de plata de 20 dólares, con la imagen de ambos en pijama, sosteniendo una flor: un símbolo sencillo, pero cargado de intención.
Hoy, mientras el mundo parece empeñado en repetir sus viejos errores, aquella escena —dos figuras en pijama, una flor entre las manos y una canción naciendo contra el estruendo de la guerra— adquiere un eco casi irreal. Quizás la paz siempre ha sido eso: un acto íntimo, frágil y obstinado, que necesita ser repetido una y otra vez para no desvanecerse. Y tal vez no hagan falta varios Lennon, sino que cada generación encuentre la forma —aunque sea mínima, aunque sea imperfecta— de volver a darle, siquiera por un instante, una oportunidad a la paz.