Cuestión de tiempo

  • 15/05/2026 00:00

Hay veces que entre aliados existen diferencias que llegan a ser irreconciliables, hoy vemos como la dupla “Martinelli es Mulino” y “Mulino es Martinelli” decodifican mensajes subliminales, algunas veces producto de la distancia física en la que se encuentran ambos, mientras que en otras ocasiones son consecuencia del chisme de manzanillos en común.

Las recientes visitas al ex presidente Ricardo Martinelli a Bogotá, por parte de prestantes figuras políticas opositoras, dejan entrever un cambio de fase dentro de un plan para migrar de mentor político y aliado principal, a crítico opositor al gobierno que él mismo llevó al poder. Martinelli conoce muy bien cada partícula de la política criolla, como para quedar anclado y expuesto dentro de un rol cíclico que conduce a la alternabilidad del voto péndulo panameño.

Y aunque algún día se romperá el axioma de que ningún gobierno se reelige en Panamá, el ex mandatario y líder político no se encuentra en una buena posición judicial como para arriesgar más de la cuenta, mucho menos en su estado de asilado, con condena en firme en última instancia e inhabilitado para correr para un cargo de elección popular.

La posibilidad de una amnistía pasa por voluntad política de sectores que lo adversan, además del mismo gobierno, quienes han procurado tenerlo lejos y sin posibilidad de pactar algún tipo de salida política para mantenerlo atado de manos, de lengua y de pies.

Mensajes subliminales y reproches en baja frecuencia, a diario son teledirigidos con doble intención, para hacer parecer que existe fricción, en medio de una creciente desconfianza mutua. Se trata de un tema más complejo de lo que parece, ya que Martinelli pasó a ser de un aliado estratégico del norte a una incomoda realidad política en Panamá.

Mientras el presidente José Raúl Mulino hace gala de toda su experiencia política, Martinelli asombra por su madurez y una paciencia inusitada, que simula a un águila posado sobre la cima de un árbol esperando a su presa.