Cuando el palacio se convierte en un circo

  • 14/08/2026 00:00

Las grietas en el Ministerio de Educación parecen demasiado profundas para cerrarlas con simples repellos. El pasado martes renunció el viceministro Administrativo y, apenas 24 horas después, la titular de la cartera educativa, Lucy Molinar, hizo lo propio durante una conferencia de prensa en la que estuvo acompañada por su equipo de directores.

Luego de escuchar la versión de Molinar, quedó claro que el detonante de su decisión gira alrededor del proceso de compra de computadoras portátiles destinadas a docentes y estudiantes de los colegios oficiales.

Llama poderosamente la atención que, previo al anuncio oficial de su renuncia, la hasta entonces ministra de Educación solicitara, mediante una nota dirigida al Ministerio Público, la apertura de una investigación sobre una contratación específica realizada por la propia institución que ella dirigía. Lo hizo apenas horas antes de oficializar su salida del cargo.

Este anuncio abrupto, acompañado de la nota enviada al procurador general de la Nación solicitando investigar el proceso de compra de las laptops, dejó al Gobierno prácticamente sin margen para designar un reemplazo acorde con la responsabilidad y el nivel que exige dirigir el Ministerio de Educación. En su lugar, se recurrió a una figura sin trayectoria académica ni experiencia conocida en la administración educativa, cuyo principal mérito es la actividad política.

Estamos frente a una crisis que proyecta un pésimo presagio para un sistema educativo que arrastra enormes deficiencias. La impresión que deja esta decisión es todavía peor: colocar a un vigilante para custodiar la información que se haya podido caer y que ahora corresponderá al Ministerio Público rebuscar.

Seguramente, el tema de las laptops continuará generando noticias, especialmente en un país acostumbrado a las tramas, filtraciones e intrigas que alimentan los corrillos políticos. Sin embargo, mientras unos intentan proteger posiciones y otros descubrir responsabilidades, nuevamente los grandes sacrificados serán los jóvenes que cursan estudios en el sistema oficial. Ellos seguirán siendo las víctimas silenciosas del negociado que gira alrededor del ministerio con mayor presupuesto asignado del Estado.