Conversa conmigo, ¿te parece? (Parte 1)

  • 03/06/2026 00:00

Me encontraba en mi oficina (7:00 a.m.) planificando el calendario académico para el próximo año, cuando percibí que había alguien en la entrada. Levanté la cabeza y observé a una profesora del área de Estudios Generales que me solicitó conversar. Se disculpó por no haber tocado la puerta antes, pues le pareció que estaba muy concentrado en mi trabajo.

—No, disculpe usted —le respondí—. Pase, por favor, siéntese y dígame de qué se trata.

El tema correspondía a la situación de un estudiante que, hasta hacía poco, destacaba por su excelente desempeño académico. Participaba activamente en clases, entregaba sus trabajos a tiempo y con gran calidad, ejercía liderazgo y gozaba del respeto de sus compañeros. Sin embargo, desde hacía una semana había dejado de asistir a la asignatura.

La profesora había preguntado a sus compañeros si sabían algo de él, pero nadie tenía noticias. Sus amigos más cercanos intentaron comunicarse por teléfono. Uno llamó a su casa y los padres le respondieron que el joven había salido rumbo a la universidad. Otros recibían mensajes indicando que el celular estaba fuera de cobertura o con el buzón lleno. Incluso la profesora intentó contactarlo mediante WhatsApp, pero los mensajes nunca mostraban la confirmación de lectura.

—Hagamos algo —le respondí—. Está claro que debemos localizarlo antes de contactar a sus padres y generar una preocupación mayor. Permítame realizar algunas gestiones.

A las 7:45 a.m. me comuniqué con varios departamentos de la institución: Registro, Seguridad y personal de apoyo. La intención era determinar si el estudiante realmente estaba asistiendo al campus.

La espera fue corta. Poco después me informaron que un agente de seguridad había identificado a un joven cuyas características coincidían con las del estudiante buscado. Se encontraba al final del campo de fútbol. Cuando le preguntaron por qué estaba allí, respondió que esperaba a un docente que no había llegado.

Al revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad descubrimos algo más inquietante: desde inicios de la semana el mismo estudiante acudía al mismo lugar, permanecía allí entre las 7:00 y las 9:00 de la mañana y pasaba el tiempo observando su teléfono celular.