Contrastes políticos
- 10/07/2026 06:00
En el tablero político nacional dos figuras parecen haber comprendido mejor que nadie el momento político: el presidente José Raúl Mulino y el líder del movimiento independiente VAMOS, Juan Diego Vásquez.
Mientras Mulino trabaja en la consolidación de una mayoría política para garantizar la gobernabilidad; Juan Diego se ocupa de la construcción de una oposición que trascienda la simple resistencia y se convierta en una alternativa de poder.
Mulino representa el último eslabón del liberalismo panameño. Formado bajo el liderazgo de Samuel Lewis Galindo, participó en la creación del partido Solidaridad, que posteriormente fue fusionado con el Partido Liberal Nacional para dar origen a Unión Patriótica. Luego de la absorción de Unión Patriótica por parte de Cambio Democrático, se terminó de diluir el último vestigio del liberalismo en Panamá.
Resulta curioso que los que antes defendían los postulados liberales, hoy actúan de forma conservadora, privilegiando la preservación del poder sobre la renovación política.
El almuerzo celebrado el pasado miércoles entre el mandatario panameño y los jefes de bancada de los partidos tradicionales, del que fueron excluidos VAMOS y el Movimiento Otro Camino, no fue un simple gesto de cortesía política. Fue una fotografía del nuevo bloque oficialista y de la alianza que comienza a consolidarse alrededor del gobierno.
En ese escenario, el PRD y el Partido Panameñista se movilizan alrededor de un mismo centro de gravedad política. Pero como en política no existen espacios vacíos, los jóvenes independientes lograron apropiarse, no solo del discurso opositor sino del pensamiento crítico.
Paradójicamente, los tres dirigentes que encarnan el debate político nacional (Mulino, Juan Diego y Ricardo Martinelli) no podrán enfrentarse como candidatos presidenciales en 2029 debido a los respectivos impedimentos constitucionales.
Panamá está a punto de experimentar un extraño ciclo donde los liderazgos deberán transferir su capital político a terceros. Comenzará la era de los herederos, de los endosos y de las candidaturas construidas alrededor de figuras que, aunque no aparezcan en la papeleta, seguirán siendo las protagonistas de la contienda.