Castigando la indiferencia
- 20/05/2026 00:00
El bullying necesita público para crecer. Leyes en Panamá buscan frenar el abuso, pero solo la acción y denuncia pueden salvar vidas
El bulling necesita público para que se haga robusto, ya sea en el aula escolar como en las redes (cyberbulling). Requiere un público cómplice o instigador que ría, aplauda o apruebe la conducta abusiva de una persona sobre otra.
Conozco el caso de un joven que, en su etapa escolar, quedó visiblemente afectado al presenciar los constantes abusos de un compañero contra una niña con discapacidad. Este joven se torturaba en silencio porque el miedo le impedía actuar; años después, tuvo que acudir a terapia para sanar la impotencia acumulada ante la conducta del agresor.
Aunque esto ocurrió hace más de treinta y cinco años, su vigencia se extiende hasta hoy. Si en aquel momento la maestra hubiera detectado el caso mediante la alerta de los estudiantes y amonestando ejemplarmente al abusador, los daños habrían sido menores.
Hoy, la historia se repite con desenlaces fatales. En Panamá, el bullying ya ha cobrado vidas humanas, como en los trágicos fallecimientos de dos jóvenes en marzo de 2026 y en el dramático intento de suicidio de una estudiante en el colegio IPA en mayo de este mismo año.
Es cierto que en el país contamos con un marco legal especializado, como la Ley n.º 285 y la Ley n.º 289 de 2022, las cuales establecen responsabilidades legales para los docentes que permiten el hostigamiento y exigen a los testigos romper el silencio. No obstante, ninguna ley penal podrá frenar un comportamiento destructivo en la sociedad si no transformamos la indiferencia y la inacción en repudio y denuncia.
Solo así evitaremos que los niños de hoy se conviertan en los adultos heridos del mañana, cargando con el peso de un silencio que pudo haber salvado vidas.