Cascarones políticos
- 17/07/2026 00:00
La irrupción de una nueva generación política abanderada por las candidaturas independientes del movimiento VAMOS, fue la consecuencia directa de los obstáculos que el sistema electoral panameño impone a quienes intentan crear nuevas organizaciones políticas. Los privilegios ostentados por los partidos tradicionales alimentan el descontento ciudadano y fortalecen la demanda de un verdadero relevo generacional.
La mayoría de los partidos políticos panameños nacieron en el siglo pasado o derivan de organizaciones que no sobrevivieron al desgaste político a través de los años. Sin embargo, más allá de ligeras transformaciones, aún conservan los mismos liderazgos y formas de hacer política. Siguen actuando con la lógica del siglo XX, sin comprender que el control de los medios de comunicación tradicionales, ya que no inciden con la misma magnitud en la opinión pública, como lo hacen hoy las redes sociales.
Con Benicio Robinson al frente del PRD , Jorge Herrera y los hermanos Varela a cargo del Partido Panameñista, Cirilo Salas en el Partido Popular, Francisco “Pancho” Alemán en MOLIRENA, Yanibel Ábrego en Cambio Democrático, Ricardo Martinelli en Realizando Metas desde el exilio; y José Muñoz al frente de Alianza, las estructuras tradicionales coinciden en un mismo objetivo a través de la Comisión Nacional de Reformas Electorales y desde la Asamblea Nacional para dificultar el surgimiento de nuevos liderazgos políticos y limitando la competencia en igualdad de condiciones.
Paradójicamente, mientras defienden su existencia mediante trabas legales a la medida, los partidos tradicionales cada vez ofrecen menos espacios para que los jóvenes participen en la toma de decisiones. La renovación queda reducida al discurso, mientras las posiciones de poder continúan concentradas en las mismas figuras de siempre.
Las elecciones de 2029 podrían marcar el final para varios de estos partidos. Algunos ya tuvieron dificultades para superar el 5 % de los votos presidenciales en 2024. Si continúan cerrando las puertas al relevo generacional, terminarán convertidos en simples cascarones políticos; organizaciones con personería jurídica, pero sin la capacidad de interpretar ni representar a esta nueva generación.