¿Candidaturas independientes vs de partidos?

  • 03/02/2026 00:00

Los militares suprimieron los partidos políticos, pero se realizaban elecciones directas para escoger “democráticamente” a los Representantes de Corregimientos. Esas candidaturas requerían de firmas de los moradores del área, repitiéndose el experimento con modificaciones en los 80’s, sólo para elegir 1/3 de la Asamblea.

En el pasado reciente, la Corte Suprema de Justicia dio un paso significativo al legitimar las candidaturas Presidenciales independientes, sin que de ello se pudiera colegir una merma en la importancia de los partidos políticos.

Llamó la atención el gran número de Diputados independientes electos en el 2024, evento que para muchos analistas sugería un rudo golpe al control partidista dentro de la Asamblea. De esto surge una pregunta forzada, ¿por qué razón los ciudadanos habrían volcado sus simpatías hacia los “independientes”?

El nauseabundo aroma antidemocrático está presente todo intento legislativo o electoral que intente otorgar ventajas electorales a las candidaturas partidistas sobre las independientes. La única justificación válida sería si las estructuras formales de organismos “de concertación interna” del partido, funcionaran adecuadamente.

Pero, como los reglamentos y estatutos de los partidos han degenerado en simples exigencias para obtener su reconocimiento jurídico, y en consecuencia son “las roscas y las castas” las que realmente deciden, se produce un curioso parecido con el rasgo personalista que pudiera pesar sobre los independientes.

No se pone en duda la legitimidad legal “de los unos ni de los otros”. Pero sí su legitimidad política, pues mientras la consulta a sus electores no pese como deber jurídico, la representatividad que ostentan está en entredicho. Este reparo golpea a los “independientes” con menos rigor, pues ellos no responden a ninguna una organización política, sino a su consciencia.

Vemos tras estas manobras, el interés personalista “de las bancadas o de los dirigentes de los partidos políticos” de robustecer su presencias cuantitativa dentro del hemiciclo. La experiencia nos demuestra que esto en nada ha favorecido a los electores, pues sobrar los ejemplos de leyes aprobadas contrarias a los intereses de las mayorías.

¿Cuál sería el argumento para institucionalizar diferencias entre el ciudadano representado en la Asamblea por un independiente, y el representado por un partido político?