Al derecho y al revés
- 06/11/2026 00:00
El tiempo transcurre para muchos más rápido de lo que es, para otros lento ya que desean ser “grande” para poder decidir y llevar a cabo acciones limitadas por los padres e inclusive por las propias leyes: conducir un auto, llegar más tarde de la hora acostumbrada al hogar, entrar a discotecas para lo cual exigen una edad determinada en fin diría que independizarse.
Ya al peinar canas o disponer de una pronta calvicie, te miras al espejo y sobre tu cara se observan surcos, estrías, manchas, sobre la piel las cuales inducen que el tiempo simplemente pasa.
Cuando viajo al terruño que me vio nacer sería incierto no expresar que el sistema nervioso se manifiesta en “todo su esplendor” tales como: mal dormir, tos y otros, a lo que su suma las compras necesarias de presentes que en algunos casos suelen ser obsequios materiales que reflejan la cultura del país que te recogió, por los motivos que fuesen.
Horas antes en el aeropuerto (¿2, 3?) chequeo, muestra de pasaporte, se repite en caso de un segundo avión y tras cruzar el Caribe, y llegar a tierra; una vez más el chequeo y tras la apertura de las puertas automáticas encontrarte con decenas de personas que esperan, que observan desesperadamente el arribo de familiares, amigos.
Tras ser detectado surgen los gritos, brincos, sonrisas a la par de lágrimas hasta fundirse en abrazos, que en el caso de tomar un taxi – dado que tus familiares más allegados alcanzan una edad privilegiada que sobrepasa (mucho, mucho) la esperanza de vida y no pueden asistir – y visualizar las calles, los árboles, los edificios los cuales han de resultarte conocidos y a la vez recordados cuando transitabas por supuesto con mucho menos edad.
Subir las maletas a un primer o segundo piso, sudado a pesar del anuncio de la llegada de un frente frío, tocar la puerta (aún nervioso, pero ya más seguro) y – lo que no pudiste hacer en el aeropuerto - abrazar cálidamente a tu gente: hermano, madre.
Ese día o noche será larga, haciendo cuentos, hablando de la familia que dejaste y que en esta ocasión no pudieron acompañarte – pero que tienes presente ese mismo día en notificar por una vía u otra, “...familia, llegué bien a casa, viaje excelente”-; que decir cuando te indican que sigamos conversando después y pasemos a cenar, y que como parte del recibimiento te esperan los alimentos que no son comunes de donde procedes y que extrañas significativamente que solo con nombrártelos se te “hace la boca agua”.