Al borde del nocaut por golpes al bolsillo
- 27/09/2026 00:00
Cada 14 días subimos al ensogado sin haber pedido la pelea. La promotora que manda en el patio anuncia el reajuste del combustible y el conductor panameño recibe el primer jab directo al rostro nada más al encender el motor.
Llenar el tanque en las estaciones del país se ha convertido en una prueba de resistencia donde el consumidor entra debilitado y la manguera del dispensador golpea con la contundencia de un peso pesado en su mejor noche.
No hay cobertura posible para esquivar este castigo en la billetera. El constante incremento en la gasolina de 95, la de 91 y el diésel actúa como un fiero gancho a las costillas que frena cualquier plan de ahorro y deja sin aire al presupuesto familiar.
El panameño de a pie tiene que hacer cintura, apretar los dientes y sacrificar otros gastos básicos para no caer a la lona antes de cobrar la quincena.
El verdadero problema es que este combate no se queda en la gasolinera, sino que desencadena una ráfaga devastadora en el resto de la economía.
Un subidón en el precio del combustible es un uppercut que levanta de golpe los costos del transporte, los fletes agrícolas y la comida en el supermercado; es una combinación implacable que deja grogui a la clase trabajadora.