Afición enardecida por el pobre espectáculo
- 08/05/2026 00:00
¡Suena la campana! Y desde el primer asalto, el usuario del transporte público en Panamá recibe una lluvia de golpes. Lo que vivimos a diario en las calles no es una ruta de movilidad, es una pelea a 12 “rounds” con un referí que no pone orden en las vías.
En la esquina de los pesos pesados, los diablos rojos siguen tirando volados de derecha por el carril izquierdo, ignorando cualquier reglamento. Estos veteranos del asfalto no respetan el cronómetro; se quedan “clinchados” en la parada hasta que les da la gana, mientras el pasajero suda la gota gorda en el rincón, esperando un milagro para llegar a tiempo al trabajo.
En la categoría de los pesos pluma, pero con mucha pegada, aparecen los selectivos. ¡Qué clase de juego de piernas tienen!
Con el famoso “no voy”, esquivan a los usuarios con una agilidad que ya quisiera un campeón mundial. Te hacen la finta de que van a parar y, en cuanto sueltas el destino, te meten un gancho al hígado con el acelerador a fondo, dejándote viendo estrellas en la acera.
La Triple T, que debería ser el tercer hombre sobre el cuadrilátero para poner orden, parece que está mirando para las gradas. El usuario, que es el que paga la taquilla más cara con su tiempo y su seguridad, sigue recibiendo castigo sin que nadie tire la toalla por él.
Mejor ni hablar de las neveras públicas, porque el incumplimiento de la frecuencia tiene a muchos al borde del nocaut.