A cargar tu cruz con creatividad
- 19/08/2026 00:00
Durante años he sido devoto del Cristo Nazareno de Portobelo. Varias veces caminé desde la ciudad de Panamá hasta aquel pueblo colonense. En esas peregrinaciones descubrí que nadie camina solamente con los pies: cada peregrino lleva a cuestas sus esperanzas, sus dolores y su propia procesión interior.
En una de aquellas jornadas, un fuerte calambre me obligó a detenerme. Entre la multitud apareció una buena samaritana, devota de toda la vida. Con alcohol, hojas del monte, mentol y unas palabras de aliento alivió mi pierna. Seguí caminando.
Kilómetros adelante divisaba a unos jóvenes con una enorme cruz de madera. Aquellos pesados maderos parecían multiplicar el sacrificio. Poco a poco los alcancé y entonces descubrí algo que jamás olvidaría: habían adaptado una pequeña balinera en la parte inferior de la cruz. La cruz seguía pesando, pero ahora podía rodar.
Aquella sencilla solución terminó convirtiéndose para mí en una lección de vida.
Porque la existencia también reparte cruces sin preguntarnos cuál queremos. La enfermedad, los problemas de un hijo, una traición, la pérdida, el fracaso o una tragedia inesperada pueden llegar cualquier día. Hay circunstancias que no podemos escoger y realidades que tampoco podemos borrar.
Pero aceptar lo inevitable no significa rendirse.
La fe puede mover montañas, pero Dios también nos dio inteligencia para encontrar caminos cuando la montaña no se mueve.
Tal vez vivir consista precisamente en eso: abrazar nuestra cruz sin permitir que nos aplaste.
Aquellos jóvenes no abandonaron la suya, tampoco esperaron que alguien se las cargara.
Le pusieron una rueda y continuaron hacia Portobelo.
Cuando la vida no te permita escoger tu cruz, carga con ella; pero nunca renuncies a buscar tu propia balinera.