533 médicos reprobaron. Aberrante y preocupante

  • 10/07/2026 06:00

Desde hace 12 años se instituyó que, luego de que las universidades formadoras dan títulos de médicos a sus estudiantes, estos tienen que pasar un examen para acreditar que están correctamente formados. Antes de esos 12 años, los egresados de las facultades de Medicina de las universidades que tenían esta carrera, registraban sus diplomas en el Ministerio de educación, se presentaban al Ministerio de Salud o a la Caja de Seguro Social y aplicaban para hacer internado. Todos entraban si había plazas disponibles.

En el último examen de acreditación, solo aprobaron 68 de 601 médicos titulados después de 6 o más años de estudios. Es decir que solo 11.31% aprobaron y 88.69% reprobaron, lo que corresponden a 533 examinados.

Esto debe ser una campanada de alarma para el Estado panameño. Pero nos dicen médicos, que conocen de esto, que es lo “normal” desde que se instituyó este examen. Así las cosas, o están deficientemente formados o el currículum, dado por las universidades, no refleja los necesario. En ambos casos las universidades no cumplen objetivos

La Universidad de Panamá es la que salió un poco mejor. No es que esté bien porque solo aprobaron 29 de 45, eso es solo 64%. La otra universidad estatal, la Unachi, solo aprobó 1 de 14 (7.1%). Las universidades privadas están mal.

Esto es aberrante. Un desperdicio de recursos humanos (los reprobados) y de recursos económicos. En las privadas la carrera cuesta arriba de B/60 mil por graduado. Siendo más de 500 médicos diplomados y reprobados, suma a 25 millones el desperdicio económico.

El Estado tiene que intervenir en este despropósito a través de sus entidades, el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de Universidades y la Comisión de Currículum. Otra versión más de Estado fallido que en Panamá.

Solo pensemos lo que se necesitan médicos en Panamá.

Como decía, todas las universidades formadoras no cumplen sus objetivos. Las privadas no pueden hacer de la formación un negocio ineficaz.

Por el interés superior de la educación, el Estado debe intervenir en todas las universidades, incluida la Universidad de Panamá que por su bajo éxito, no tiene mucha autoridad moral.