[Cuento]Tita, la abejita laboriosa
- 24/05/2026 00:00
Por: Rosie González Ross
En el más frondoso rincón del bosque tropical en Panamá, vivía en su colmena una pequeña abeja llamada Tita. Aunque era diminuta, tenía un corazón enorme y una misión especial, aunque aún no lo sabía.
Un día, mientras dormía, soñó que volaba feliz entre pétalos de flores con brillantes colores -amarillas, naranjas y rojas-, pero un viento misterioso agitó las flores. “¡Auxilio!”, gritaron los pétalos, “el bosque se está apagando”. Tita despertó asustada y voló a pedir consejo a Don Ceibo, el árbol más antiguo del bosque.
-Pequeña Tita -habló con voz profunda-, ¿sabes por qué eres tan importante?
-Solo recojo néctar y hago miel -respondió Tita.
Don Ceibo sonrió: “Cuando visitas flores, llevas polen de una a otra. Gracias a ti nacen frutos, semillas y plantas. Sin ti, el bosque se volvería silencioso y triste”. En ese instante, un trueno hizo temblar las ramas. Tita dudó, porque se sentía pequeña. Entonces un tucán apareció y exclamó: “¡sin frutos no hay fiesta!”, y un mono inquieto, dando saltos, se le unió y gritó: “¡sin semillas no hay futuro!”.
Intrigada, Tita se despidió de todos, siguió su vuelo y a lo lejos, vio a una familia humana cosechando alimentos.
Entonces, el viento susurró: “Todo esto existe gracias a lo que haces”.
Tita comprendió y regresó a la colmena. Compartió lo aprendido con sus hermanitas abejitas y juntas emprendieron una misión: visitar más alegres las flores cada día, antes de que cayera el sol. Tita voló rápido, giró, cayó y volvió a levantarse, mientras las hojas la animaban: “¡Vamos, Tita!”.
Con el tiempo, los niños del pueblo cercano aprendieron a cuidar las flores, plantar árboles y respetar las abejas. Y las abejitas trabajaron con orgullo, convencidas de que en equipo ayudan a sostener la vida.