“Numerín Numerón”

  • 22/02/2026 00:00

Un cuento que enseña que cada día puede ser diferente si cambiamos nuestra actitud y estamos abiertos a aprender

Para Yunito las mañanas eran temibles, espantosas, un verdadero caos. ¿Sabes por qué? ¡Porque solo abría uno de sus ojitos y zas!... veía la escuela...Oh, ¡no! Auxilio y volvía a arroparse. Pero algo le hizo quitarse las sábanas y saltar como un resorte de la cama. Ese olor... hum... era su desayuno favorito.

Corrió al baño, se cepilló, vistió y peinó... Una miradita al espejo y estaba listo... Llegó de buen ánimo al comedor donde su madre le esperaba con una bella sonrisa. Comió, tomó su bici y se fue a la escuela... ¿Qué cambió?, preguntarán ustedes. Yunito tenía una corazonada: Ese no sería cualquier día de escuela. Y no se equivocaba.

En el camino, volvió a tropezar como el día anterior y al piso fue a dar. Se limpió y, al intentar pararse, algo le llamó la atención. Era azul brillante con una hilera negra aterciopelada en su costado. Igual se puso de pie y ¡¡¡sorpresa!!!... No daba crédito a lo que escuchaba...” Yunito, no vuelvas a tropezar con la misma piedra”.

Oye, ¿de dónde es esa voz?, se preguntaba el niño.

“Yunito, recuerda que dos más dos son cuatro y que yo tengo más de 100”, le susurraba esa voz cantarina, advirtiéndole de paso: “Ya quita esa cara de escarabajo asustado”.

¿Quién me habla?, preguntaba una vez más Yunito mientras repasaba con sus grandes ojos marrones el jardín camino a la escuela y en la calle se detuvo a observar a ese animalito que se movía... Era diferente...

“Oye, Yunito, no te olvides que a la tercera es la vencida y hoy hay ejercicio de suma y resta... ¡Qué divertido!” escuchó ahora, en dirección al piso.

Por fin su carita se iluminó y soltó una gran carcajada... “Eres tú”, decía Yunito, mientras cuidadosamente tomaba al animalito en su manita.

“Sí, Yunito, soy yo, ¡tu nuevo amigo! Bueno, uno con mucho camino recorrido porque tengo más de 100 pies, que no son pies, sino patas... jijiji... Soy un ciempiés, que no se escribe igual, pero sí se pronuncia igual, continuaba narrando.

“Te cuento que soy un artrópodo, una especie en este mundo al igual que tú, pero sin huesos, y soy familia de las arañas y cangrejos. ¿Qué te parece? ¡Maravilloso! contestó Yunito feliz.

Y después de todo, ¿cuál es tu nombre? “Numerín Numerón” es mi nombre, no lo olvides, contestó el ciempiés.

Ese día, la vida le cambió a Yunito y quería más su escuela por ser faro de luz del conocimiento y del aprendizaje. Eso se lo dijo “Numerín Numerón” y él lo comprobaba una y otra vez con alegría y diversión, pues se convirtieron en amigos que valen por cien.