La ironía, el arte y el horror en ‘La calavera es ñata’
- 19/10/2026 12:37
‘La calavera es ñata’, una colección de relatos breves que aborda el horror psicológico, el suspenso y la sátira oscura.
Vanessa Drusilla es especialista en informática, diseño gráfico y artes visuales. Imparte tallares comunitarios y actividades a niños y adultos mayores. Combina todas esas facetas con la literatura. Su más reciente obra se titula: ‘La calavera es ñata’, una colección de relatos breves que aborda el horror psicológico, el suspenso y la sátira oscura.
El Siglo conversó brevemente con esta autora sobre su reciente obra literaria. P. Vanessa, el título de tu libro parte del dicho popular «Como lo veas, la calavera es ñata».
¿Qué significa para ti y cómo se convirtió en el eje de tus relatos?
Es una expresión que aprendí de mi esposo, Tony, y que uso mucho en mi vida. Significa aceptar que no siempre podemos controlarlo todo: hay que saber cuándo insistir y cuándo dejar ir. Como escritora, me fascina porque habla de esos desenlaces inevitables a los que llegamos por nuestras propias decisiones. Decidí usarla como hilo conductor de La Calavera es Ñata. En el libro, la calavera funciona como una espectadora y cómplice irónica que observa con sarcasmo cómo las acciones de los personajes los conducen directo a su destino.
En tus cuentos la muerte no solo asusta, sino que refleja la culpa y la vanidad a través del horror psicológico y la sátira. ¿Por qué elegiste este enfoque?
Elegí el horror porque permite hablar de la vida a través de la muerte. Me interesa explorar lo que hacemos mientras creemos que nos queda tiempo. En mis historias, la Calavera no es solo la muerte, es una narradora elegante que conoce nuestras contradicciones. El horror y el humor negro me permiten abordar temas serios sin juzgar: no busco decirle al lector cómo vivir, sino mostrarle las consecuencias de sus actos. La Calavera conoce el final de la historia, pero nosotros aún estamos a tiempo de escribir la nuestra.
El subtítulo es Relatos para antes de dormir. ¿Buscabas provocar insomnio o una introspección nocturna?
Más que asustar por asustar, busco una combinación de entretenimiento y reflexión. Claro que quiero que el lector disfrute la ironía y el terror, pero al cerrar el libro me gustaría que se pregunte qué habría hecho él en el lugar de los personajes. Es una invitación a mirarnos por dentro y reflexionar sobre cómo nosotros mismos nos complicamos la vida.
Tienes formación en artes plásticas y diseño gráfico. ¿Cómo influye esto al construir estas atmósferas inquietantes?
De manera muy natural. Vengo del dibujo y la pintura, así que pienso en imágenes: luces, sombras, lluvia o calles solitarias transmiten sensaciones sin necesidad de explicarlo todo. Sin embargo, al igual que en una pintura, en el horror me gusta dejar espacio para la imaginación. A veces, lo que el lector imagina en su mente es mucho más aterrador que cualquier descripción detallada.
Desde 2019 diriges Arte Drusiliano, con talleres inclusivos e intercambios culturales. ¿Cómo nutre esta labor humana tu escritura?
Trabajar con niños, personas diversas y culturas como las de México e India me recuerda que no todos vemos el mundo de la misma manera. Me gusta observar a la gente: sus reacciones, sus decisiones y sus contradicciones. Aunque mis personajes no son copias de personas reales, la empatía y la experiencia humana alimentan mi imaginación. En Arte Drusiliano creo espacios para que otros se expresen; en la escritura, transformo esa curiosidad por la condición humana en ficción.
¿Qué consejo le darías a alguien que está a punto de abrir el libro esta noche?
Le diría que se deje llevar y no intente adivinar el final. Que disfrute del viaje, se ría de la ironía y preste atención a los errores de los personajes para verse reflejado en ellos. Y, sobre todo, un aviso: si la Calavera te da un consejo durante la lectura, escúchala... por algo se tomó el tiempo de dártelo.
¿Qué autores y referentes han marcado tu vida literaria?
Mi voz surge de un choque de influencias. Por un lado, maestros del terror como Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, Stephen King, Mary Shelley y Bram Stoker; sumados a series y películas pop de los 90 como ¿Le temes a la oscuridad? o Hellraiser. Por otro lado, la realidad cotidiana de Panamá y las historias periodísticas, que demuestran que a veces la realidad supera a la ficción. Y finalmente, la música: narradores urbanos como Rubén Blades (Maestra Vida) y Héctor Lavoe, que sabían retratar la vida y las contradicciones humanas a través de canciones.