El Reina Sofía presenta la ‘Dulce venganza’ de Gonzalez-Torres, que aúna levedad y fuerza política

EFE
  • 26/05/2026 15:00

La exposición "Felix Gonzalez-Torres: Dulce venganza" en el Museo Reina Sofía presenta unas cincuenta obras del influyente artista cubano-estadounidense

El director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, ha presentado ‘Felix Gonzalez-Torres: Dulce venganza’, una exposición del artista estadounidense de origen cubano que aúna “una aparente levedad” con una “enorme fuerza política y de acción”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 12 de octubre, presenta unas cincuenta obras de Felix Gonzalez-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, Estados Unidos, 1996), una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo de las últimas décadas.

Para Segade, la figura de González-Torres “es paradójica porque su trabajo tiene una aparente levedad, una suavidad melancólica, pero que también incluyen una enorme fuerza política y de acción”.

Así, el título de la exposición, ‘Dulce venganza’, no solo es un oxímoron, sino “una herramienta para entender el uso sostenido que el artista hace de la sutileza, la multiplicidad y la paradoja como estrategias artísticas”, explica el comisario Alejandro Cesarco.

“La seducción se vuelve política, la belleza se convierte en una forma de constatación, la abstracción de una estrategia de resistencia”, asegura.

La cocomisaria Nancy Spector, destaca que, aunque la obra se realizó en Estados Unidos en los años 80 y 90, bajo la presidencia de Ronald Reagan y en plena epidemia de sida, “se puede aplicar al tiempo en el que vivimos hoy en día” y continúa influyendo de manera decisiva en las nuevas generaciones de artistas.

De naturaleza efímera y participativa, la muestra incluye por ejemplo ‘Untitled (Revenge)’, una gran alfombra de caramelos azules en envoltorios transparente, que los visitantes pueden llevarse y serán repuestos en un “suministro inagotable” y en la que se especifica que “las dimensiones totales varían con la instalación. Peso ideal: 325 libras”.

Otras obras, compuestas por materiales producidos comercialmente, se fabrican de nuevo para cada presentación, mientras que los retratos de texto son modificables; la persona o institución que posee el retrato o lo exponen pueden alterar su contenido.

De este modo, el artista cuestiona las nociones de autoría y permanencia, adoptando la flexibilidad y la interpretación abierta, señala.

Cubano de nacimiento, Gonzalez-Torres, fue enviado a España en 1971 como parte de un programa destinado a trasladar a niños desde la isla para alejarlos del régimen.

Permaneció en Madrid durante un breve periodo antes de trasladarse a Puerto Rico y más tarde a Nueva York, donde pasaría la mayor parte de su vida adulta.

No regresó hasta 1991, con motivo de una exposición colectiva, cuando escribió “...volví a Madrid casi veinte años después, dulce venganza”.

La exposición se despliega a lo largo de múltiples salas interconectadas en las que se muestran obras tempranas influidas por su estancia en Madrid, como el puzle ‘Untitled’ de 1971, y revelan sus inquietudes en torno a la política, la relación entre lo público y lo privado y cómo estas cuestiones afectan a la vida de las personas.

El recorrido evoca cuestiones presentes en la práctica de González-Torres, como las nociones de exilio y viaje, la epidemia del sida y la homofobia, la autoridad y la historia, la necesidad de justicia social y la esperanza de renovación.

Segade ha explicado que, para Gonzalez-Torres era esencial la presencia y la interrelación de su práctica con el espacio público, por lo que la exposición trasciende los límites del museo para expandirse por la ciudad mediante la instalación de una de sus piezas en vallas publicitarias de Metro de Madrid, en estaciones como Cuzco, Guzmán el Bueno, Retiro, O’Donnell, Legazpi y Tirso de Molina.