[Cuento] Perico verde

  • 08/02/2026 00:00

Un cuento que nos recuerda que la compañía y la alegría no siempre vienen de personas, sino de quien llega al corazón

El perico verde apareció un día en los pasillos de la escuela como si fuera un estudiante nuevo que no sabía a qué salón entrar. Caminaba tranquilo, sin prisa, silbando como si el recreo fuera suyo. No parecía perdido; más bien parecía que estaba paseando.

Mientras los estudiantes y maestros lo miraban y se reían, él hacía lo que mejor sabe hacer: buscar atención. Silbaba, se detenía cuando alguien lo veía y seguía caminando cuando ya no. Lo observé un rato y pensé: Ese perico verde, chico, de hermoso plumaje, mirada serena y silbido que sabe estremecer el alma; en un silencio profundo me transmitió mentalmente: “Ninguno de mis hermanos emplumados con los que viví, volaba, compartía mis alegrías; ya no están”.

Ese mismo día, mi mamá y yo decidimos adoptarlo. Él no celebró ni se asustó; simplemente aceptó, como si ya lo tuviera planeado. Desde entonces vive en la casa creyéndose humano. Camina más de lo que vuela, se mete en medio cuando hablamos y, si nadie lo mira, silba hasta que alguien le haga caso; come las mejores frutas, semillas de girasoles; además, cuenta con una piscina donde se baña una y otra vez, busca la mejor posición en la ventana para que los rayos del sol sequen su hermoso traje esmeralda.

Le encanta ser el centro de atención. Si alguien se ríe, él también se ríe, copiando, pero con estilo propio. Verde ofrece un amor incondicional, lealtad inquebrantable y compañía sincera; cuando estamos enfermos, nos cuida con su mirada y en silencio, nunca se aparta, está allí, como el medicamento mejorando la salud física y emocional. A veces parece que entiende las canciones y las imita; otras veces solo finge... como cualquiera; aun así, es un amor puro.

No es solo una mascota. Es ese compañero raro que llegó sin avisar y terminó haciéndonos gozar todos los días. Es considerado un miembro de la familia; enseña empatía y responsabilidad; se convirtió en un apoyo emocional esencial en nuestro hogar, que es suyo. Aunque tenga plumas verdes, nos recuerda algo simple: no hay que tomarse la vida tan en serio... a veces basta con caminar, silbar y hacerse notar.

Ana y Sofía se encontraron en el parque más bello y acogedor de la ciudad; cuenta con árboles antiguos, frondosos y llenos de sombra.

Su encuentro tiene el fin de cazar no bestias ni tesoros; ellas cuentan con unos poderes especiales para esa misión.

Tienen sus ojos llenos de un brillo especial cuando cuentan su presa, que las lleva de género en género como quien se teletransporta del terror al realismo, la historia o el amor.

Ellas son atraídas por un magnetismo especial por esas presas.

Esas presas son “libros” y sus autores que llenan sus mentes de imaginación y conocimiento que comparten con otros a través de los libros que donan en diferentes lugares como nidos de lecturas, cafeterías, escuelas o en intercambios.

Esto pareciera un movimiento invisible, pero siempre hay finales inesperados.

Cuentan con el poder de detectar libros que necesitan ser leídos, pero el verdadero poder de un cazalector no es cazar, sino sembrar: Lecturas, encuentros, alegrías y conocimientos.

¡Y tú lo sabías!