[Cuento] Jagua busca un amigo

  • 09/08/2026 00:00

Jagua era un jaguar bastante desenvuelto; se destacaba por su cuerpo robusto, extremidades musculosas y un patrón de manchas único en forma de rosetas. A diferencia de su madre, su padre, sus hermanos y sus primos, que eran más cautelosos.

A veces se alejaba a mirar el cielo porque no tenía amigos.

—Mamá —dijo un día—, ¿por qué los animales del bosque no juegan conmigo?

—Como eres un jaguar, les das susto —contestó la mamá.

El día era maravilloso y soleado, y Jagua estaba decidido a caminar y encontrar un amigo.

Se acercó a una laguna donde se bañaban unos lagartos. Jagua se les quedó mirando mientras nadaban y jugaban en el agua.

—¡Hola! —gritó Jagua—. ¿Puedo nadar con ustedes en el agua? Me gustaría compartir con ustedes —dijo.

—¡A mí también! —dijo el lagarto adolescente.

—No —dijo el papá—. Tú no juegas con los jaguares; ellos tienen el cuerpo muy vigoroso.

Atónito, Jagua siguió caminando y observó entre los árboles un grupo de monos jugando de rama en rama y gritando: «¡uu-uu-aa-aa!». De repente, cuando vieron a Jagua, subieron a las ramas más altas.

—¡Hola! —vociferó Jagua. No hubo respuesta. ¿Monitos, quieren bajar a jugar conmigo?

Un mono travieso le hizo un «¡Pfrrr!» con la boca muy fuerte.

—Hasta luego. No podemos jugar contigo, tienes los dientes muy grandes y filosos.

Jagua siguió caminando hasta que se encontró a un osito con la cabeza metida entre un tronco seco de un árbol gigantesco.

—¿Qué haces? —preguntó Jagua, sorprendido.

—Me escondo de ti —dijo el osito.

—Ven, vamos a jugar en vez de estar allí apretados entre los árboles —dijo Jagua.

—¡Nunca! —dijo el osito— Yo no juego con jaguares, porque rugen un «uh-uh-uh» profundo y ahogado.

Jagua siguió recorriendo el lugar. Vio un hipopótamo que estaba tomando sol sobre una piedra y se acercó a ella y le dijo suavemente al oído:

—¿Juegas conmigo?

—¡Ay! —dijo el hipopótamo—. ¡Qué manos y patas tan afiladas tienes!

«Tendré que acostumbrarme a jugar solo», pensó Jagua.

—¡Hola! —dijo una voz que salía de los matorrales.

Jagua vio un par de ojos chocolates observándolo tras las hojas.

—Me imagino que no vas a jugar conmigo, porque tengo unas garras afiladas, unos dientes grandes, un cuerpo robusto y un rugido «uh-uh-uh, gru, gru».

—Yo también —dijo la voz.

—¿Quién eres? —preguntó Jagua con mucho interés.

—¡Una manada de jaguares!

Fueron apareciendo uno a uno jaguarcitos de todos los tamaños.

—¡Guau, yo también soy un jaguar! —dijo Jagua, sonriendo—. ¿Jugamos?

—¡Jugamos, sí, sí, sí!

Pasaron toda la tarde comiendo, hablando y riéndose, sobre todo contando historias del bosque.

—¡Me gusta ser jaguar! —dijo—. ¡Estoy feliz con ustedes! ¡Al fin encontré a mis amigos felinos silvestres que habitan en los bosques!