[Cuento] Chocolates, olas y estrellas de Navidad

  • 08/11/2026 00:00

Había una vez, en la encantadora isla de Taboga, recostada sobre el azul del océano Pacífico, un niño de ocho años llamado Lucas. Vivía rodeado del perfume de las flores junto a su mamá Agustina, su papá Rubén y su primo Ismael. Los dos niños tenían un compañero inseparable: Pico de Oro, un gallito fino de plumas doradas que los despertaba cada mañana y al que alimentaban con crujientes migas de pan y granos de maíz.

Las tardes eran sagradas. Al bajarse el sol, la familia entera se fugaba a la playa. Allí, entre olas mansas, castillos de arena y la divertida carrera de los cangrejos veloces que jugaban a las escondidas, los primos repartían chocolates a los visitantes y vecinos que paseaban por la orilla, regalando dulzura a quien lo necesitara.

Pero diciembre traía una ilusión especial. Toda la familia abordaba el barco para cruzar el mar hacia la vibrante ciudad de Panamá. Recorrían las tiendas coloridas con una misión secreta: encontrar el adorno más brillante del mundo.

Al hallarlo —una reluciente estrella dorada—, Lucas e Ismael sabían que el viaje había valido la pena.

De regreso a su pacífica isla, colocaban la estrella en lo alto del árbol mientras Pico de Oro cantaba alegre desde la ventana. Entre el aroma a mar, el sabor a chocolate y el calor del hogar, Lucas descubrió el mayor secreto: que la verdadera magia de la Navidad no venía de los adornos de la ciudad, sino de la luz y el amor que compartían juntos bajo el cielo de Taboga.