[Cuento] Bonsái y yo
- 05/04/2026 00:00
Cuando cumplí doce años, el abuelo pensó que era el momento.
Trajo a casa una caja blanca con un gran lazo rosa, la depositó entre mis brazos y dijo:
—¡Ya es hora!
—¿Hora para qué? —pregunté.
—Para demostrar que puedes —contestó, desapareciendo tras la puerta.
Imaginando los grandes ojos azules de un gatito, abrí la caja apresurada.
—¡Nooo! —grité, vuelta a lágrimas al ver que, desde el fondo, un pequeño arbolito me observaba y con tono burlesco parecía decirme: —Hola, no soy tu gatito.
¿Para qué el abuelo me regalaría esta planta? —reclamé.
—Es un obsequio del abuelo —respondió mamá.
—No hace nada, y para colmo ni tiene cara de dar flores —protesté.
Algunas veces le eché agua, y otras, lo olvidé.
Mamá estuvo atenta, y a los días dejó de sermonearme limitándose a decir: —Es tu responsabilidad.
Quince días después, el abuelo volvió a visitarnos.
—¿Cómo está Bonsái? —preguntó.
—¡imagino lo cuidas muy bien! ...
—¿Muy bien? ... —¿Bonsái? —dije avergonzada.
—Verás —dijo el abuelo—, las plantas son seres vivos. Como nosotros, requieren cariño y cuidados.
— Ésta, por ejemplo, es de una familia milenaria de la China.
¿Cómo piensas cuidar de un gatito, si no eres capaz de cuidar una planta? ...
Corrí hasta la habitación esperando encontrarlo vivo.
Bonsái ya no se burlaba, estaba triste. Pude sentir que se negaba a hablarme.
—Continúa vivo —aseguró el abuelo palpando su tronco.
—Debes regarlo a diario —sentenció, frunciendo el ceño.
—Algunos seres —continuó— dependen de nosotros para crecer fuertes, regalarnos alegría y también vida.
—¿Vida?
—Sí, los árboles dan vida, y solo requieren un poco de agua, abono y siempre cariño y respeto.
En aquel momento lo comprendí. Bonsái se convirtió en primer y mejor amigo.
Hoy, colocado en la sala, verde y hermoso, me sigue hablando del abuelo y de cómo juntos me enseñaron una de las mejores lecciones de mi vida.