Perdió a sus cuatro hijos y terminó acusada de asesinarlos

Cargos imputados
  • 02/08/2026 11:00

La repetición de las muertes empezó a despertar interrogantes. Uno de los elementos para la acusación fueron los diarios personales escritos por la madre

Durante años, el país creyó estar frente a una de las peores asesinas de niños de su historia. Cuatro pequeños murieron en una misma familia, en distintos momentos y sin señales evidentes de violencia. Para la Fiscalía, no podía tratarse de una simple coincidencia. Para Kathleen Folbigg, en cambio, era una tragedia que jamás logró explicar.

La historia comenzó el 20 de febrero de 1989 con la muerte de Caleb, de apenas 19 días de nacido. Los médicos atribuyeron inicialmente el fallecimiento al síndrome de muerte súbita del lactante, una condición que en muchos casos no deja una causa concluyente.

Poco más de un año después, la desgracia volvió a golpear a la familia. Patrick, de cuatro meses, murió tras haber sufrido episodios de epilepsia y problemas neurológicos. Aunque su salud ya preocupaba a los especialistas, la repetición de las muertes empezó a despertar interrogantes.

En 1993 falleció Laura, de 19 meses, y en 1999 murió Sarah, de 10 meses. Las cuatro pérdidas ocurrieron antes de que los niños cumplieran los dos años. La sucesión de tragedias convirtió a la familia Folbigg en el centro de atención de médicos, investigadores y posteriormente de la Policía.

Las autoridades comenzaron a sospechar que era prácticamente imposible que cuatro hijos de una misma madre murieran por causas naturales. Esa hipótesis fue el eje de la investigación criminal que desembocó en el arresto de Kathleen.

El caso llegó a juicio en 2003 ante la Corte Suprema. La Fiscalía sostuvo que Folbigg había asfixiado a sus hijos y presentó un proceso basado principalmente en pruebas circunstanciales. No existían testigos presenciales ni evidencia física que demostrara los supuestos homicidios, pero los fiscales insistieron en que la reiteración de las muertes constituía un patrón imposible de ignorar.

Uno de los elementos para la acusación fueron los diarios personales escritos por la mujer. En sus páginas aparecían frases cargadas de culpa, tristeza y remordimiento que la Fiscalía interpretó como confesiones veladas.

Durante el juicio, esas anotaciones fueron presentadas al jurado como una prueba de que la madre había admitido, aunque indirectamente, haber causado las muertes.

La defensa respondió que aquellas palabras eran el reflejo del dolor y la depresión de una mujer devastada por la pérdida de sus hijos, pero el jurado terminó dándole la razón a la acusación.

El 21 de mayo de 2003, Kathleen fue declarada culpable del asesinato de Patrick, Laura y Sarah, además del homicidio involuntario de Caleb. Fue condenada a 30 años de prisión, pena que posteriormente fue reducida a 25 años.

La prensa la bautizó como la peor asesina de niños del país. Su nombre pasó a ocupar titulares durante años y el caso se convirtió en uno de los más impactantes de la historia judicial del país.

Sin embargo, la desdichada madre nunca dejó de proclamar su inocencia.

Con el paso de los años comenzaron a surgir voces dentro de la comunidad científica que cuestionaban algunos aspectos del proceso. Investigadores en genética y medicina revisaron los expedientes clínicos de los cuatro menores y encontraron elementos que no habían sido considerados durante el juicio celebrado en 2003.

Más de 150 científicos firmaron una petición solicitando la revisión del caso. Entre las nuevas evidencias figuraba el hallazgo de una rara mutación genética, conocida como CALM2 G114R, presente en Kathleen y en sus hijas Laura y Sarah, la cual puede provocar alteraciones graves del ritmo cardíaco y muerte súbita en niños. Otros especialistas también señalaron que Patrick padecía epilepsia y que tanto él como Caleb presentaban condiciones médicas que podían explicar sus fallecimientos.

Ante estas revelaciones, el Gobierno ordenó una nueva investigación judicial.

Durante meses comparecieron genetistas, cardiólogos, neurólogos, psicólogos y otros expertos. Además de analizar las pruebas médicas, la comisión revisó nuevamente los diarios personales de Folbigg.

Los especialistas en salud mental concluyeron que aquellas anotaciones no podían interpretarse automáticamente como confesiones, sino como escritos elaborados por una mujer que sufría una profunda depresión tras perder a sus hijos. Esa valoración difería sustancialmente de la presentada ante el jurado dos décadas antes.

El encargado de la nueva investigación concluyó que existía una duda razonable sobre la culpabilidad de Kathleen debido al conjunto de nuevas pruebas científicas que no estuvieron disponibles durante el juicio original. Su informe fue remitido al fiscal general de dicho país.

En junio de 2023, tras analizar las conclusiones de la investigación, el Gobierno australiano concedió un indulto a Folbigg, quien recuperó la libertad después de pasar dos décadas en prisión. En diciembre, el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de Australia anuló formalmente todas sus condenas.

Al anunciar la decisión, el presidente del tribunal, Andrew Bell, explicó que la nueva evidencia científica reducía significativamente el peso de las pruebas circunstanciales utilizadas en el juicio y que los diarios personales tampoco podían considerarse confesiones fiables de culpabilidad.

A pesar de la resolución judicial, el caso continúa generando debate en Australia. Mientras algunos sostienen que la ciencia permitió esclarecer una tragedia familiar, otros siguen convencidos de que las circunstancias que rodearon las cuatro muertes continúan siendo extraordinarias.

Lo cierto es que la historia de Kathleen pasó de ser considerada la de la peor madre de Australia a convertirse en uno de los expedientes judiciales criminales más controvertidos del país. La historia movía las fibras íntimas de miles de personas: Cuatro niños murieron en una década, una mujer pasó veinte años tras las rejas y, con el paso del tiempo, la ciencia cambió el rumbo de un caso que parecía definitivamente cerrado.