El último baile de la ‘Niña del Tik Tok’
- 08/03/2026 00:00
Por este crimen que sacudió a los residentes de El Chorrillo, dos sujetos pagan cárcel
La muerte en El Chorrillo no pide permiso; se mete por las rendijas de las fondas y se camufla en el ruido de los barrios donde la vida vale lo que cuesta un caramelo.
Pero esta vez, la Parca no vino sola. Vino con un guion macabro y un parentesco de sangre que ha dejado a la familia De Casta con el alma astillada en dos frentes de batalla que ellos no eligieron.
Un día antes de que el plomo rasgara el aire de la Calle 13, la pequeña Karelis Vega, de apenas 4 años, le hizo una confesión a su madre que sonó a delirio infantil.
“Soñé con Xavi”, dijo con la seriedad que solo tienen los niños cuando ven el más allá. “Me dijo que se me iba a llevar”.
Su madre, intentando espantar los fantasmas del mal agüero, le pidió que dejara de decir “locuras”. Pero el destino ya estaba escrito en las paredes de grafiti de la ciudad.
El martes por la tarde, Karelis estaba radiante. Se había probado los zapatitos y el vestido que usaría para el entierro de su primo, Fernando Xavier De Casta, el joven actor cuyo cuerpo había aparecido días antes en una vereda de Torrijos Carter.
—Estoy bien bonita, tía —le dijo Karelis a Yasualis, la madre de Xavi, sin saber que se estaba probando su propio ajuar de despedida.
Minutos después, la “Niña del Tik Tok” —famosa en el barrio por sus bailes y su chispa inagotable— pidió un “cuara” (25 centavos) para ir a la fonda. Fue su último acto de infancia.
En medio de una guerra de pandillas ajena, el estruendo de los proyectiles interrumpió la tarde. La crueldad alcanzó su punto máximo cuando alguien, en un intento desesperado por salvar su propia piel, usó el cuerpo de la niña como escudo humano. Las balas, ciegas y hambrientas, le perforaron el cuello y el pecho.
Karelis, empapada en un rojo que no era de juego, corrió. Corrió como si pudiera dejar atrás a la muerte mientras gritaba: “¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme!”. Una vecina la subió a un taxi, pero el Hospital Santo Tomás solo pudo certificar que el sueño del primo se había cumplido: se la había llevado.
A kilómetros de distancia, en San Miguelito, el dolor ya se había instalado desde el 15 de junio.
Fernando Xavier, de 14 años, no era un pandillero, aunque el cine lo obligó a jugar a ser uno.
Había protagonizado Plaza Catedral, del director Abner Benaim, donde interpretaba a un niño de la calle que moría a manos de la violencia.
La realidad, envidiosa de la ficción, decidió copiar el guión palabra por palabra.
Xavier no soñaba con alfombras rojas, aunque el estreno en México lo esperaba.
Él quería ser soldador bajo el agua. Quería sumergirse donde el ruido del mundo no llega, ganar buen dinero y sacar a su madre, Yasualis, del entorno que finalmente lo devoró cerca de un tanque de agua en El Mirador.
“Mi hijo no era pandillero. Él solo quería cantar, jugar fútbol y sacarme de aquí”, recuerda su madre, quien ahora enfrenta el vacío doble de un hijo asesinado y una sobrina que se fue tras él.
Hoy, en El Chorrillo los lugareños aun recuerdan a flor de piel a la pequeña Karelis y extrañan sus bailes de Tik Tok.
Dos pagan cárcel por su muerte, aunque eso nunca devolverá la risa o los videos de Tik Tok ni el futuro al joven que conquistó a un director de cine.
La violencia en Panamá ha unido estas dos historias en un solo entierro. Dos primos, dos sueños truncados y una familia que, entre el olor a pólvora y flores de funeral, se pregunta cómo es posible que la vida imite con tanta saña a las pesadillas de una niña de cuatro años.