Chiriquí | El dolor de una familia que aún espera a Oscar Pereira

La madre sigue con la angustia y la desesperación de los primeros días y sin saber nada de su hijo. Elmer Quintero
  • 06/11/2026 13:05

La última vez que lo vieron fue cuando salió de su casa para visitar a un amigo. Fue hace tres años

Para la familia de Oscar Pereira, el tiempo no ha curado nada; al contrario, ha profundizado una herida que sangra cada día más fuerte. El pasado 5 de noviembre se cumplieron tres años de su desaparición, de vivir en un limbo devastador donde el dolor humano se entrelaza con el abandono de las autoridades.

En la barriada El Carmen, la angustia de no saber dónde está el adulto mayor de 66 años se ha transformado en un luto suspendido, alimentado por la falta total de respuestas oficiales.

“Hoy se cumple un año más, y las autoridades competentes no volvieron a investigar, ni dar una respuesta de búsqueda a los familiares”, expresó con el alma rota Marilleny Hernández, sobrina de Pereira.

El vacío de información es tal que ni siquiera les han notificado si la causa sigue abierta o si fue archivada en el olvido. Para sus seres queridos, la ausencia física es dolorosa, pero el silencio ensordecedor de quienes debían buscarlo se han convertido en su peor tormento.

La pesadilla comenzó la tarde del 5 de noviembre de 2023, cuando Pereira salió de su casa hacia la barriada El Retorno para visitar a un amigo.Vestía una franela, pantaloneta de cuadros rojos y chancletas. Nunca regresó. La única pista que quedó fue una sola de sus chancletas, hallada en la vivienda de un amigo al cuál visitó; un indicio que la familia clamo que se investigará con el rigor que merece, convencida de que allí ocurrió algo.

Hoy, la denuncia que interpuso su madre, Josefina Quintero de Samudio, parece haber quedado sepultada bajo los archivos judiciales.

Las diligencias iniciales de la Fiscalía Adjunta de Barú y la DIJ se disiparon, pero la desesperación de su familia no se apaga. Entre el dolor y la memoria intacta, los parientes de Oscar Pereira apelan nuevamente a la compasión ciudadana y a la conciencia de las autoridades, exigiendo que no los dejen solos en esta agonía y que se rompa el silencio para cerrar una herida que lleva tres años abierta.