Panamá

Víctimas reclaman justicia 25 años después de la invasión 

Víctimas reclaman justicia 25 años después de la invasión 
Archivo El Siglo

Invasión a Panamá.

jueves 18 de diciembre de 2014 - 11:14 a.m.

Las víctimas exigen que Estados Unidos reconozca la invasión, indemnice al país y diga dónde están las fosas comunes

La invasión de Estados Unidos a Panamá para sacar del poder al exdictador Manuel Antonio Noriega cumple el sábado 25 años entre el clamor de las víctimas por justicia y los intentos del anciano general por salir de prisión pese a sus condenas.

"Sin justicia no puede haber paz ni reconciliación ni podemos pasar la página", aseguró a Trinidad Ayola, cuyo esposo murió defendiendo un antiguo aeropuerto del ataque estadounidense.

Como cada año, Ayola reclama justicia por las víctimas de la invasión, que oficialmente dejó medio centenar de muertos, aunque organizaciones de derechos humanos elevan esa cifra a varios miles.

Las víctimas exigen que Estados Unidos reconozca la invasión, indemnice al país y diga dónde están las fosas comunes donde fueron enterrados cientos de panameños, cuyo paradero se desconoce.

"Hubo cadáveres que fueron echados al mar y hay esparcidos por tantos lados que no terminaríamos nunca de llevarles una ofrenda", dijo Ayola, según quien "ningún gobierno panameño ha querido meterse con los Estados Unidos" para pedir justicia.

La madrugada del 20 de diciembre de 1989 tropas de Estados Unidos invadieron Panamá para derrocar a Noriega, reclamado por un tribunal de Miami por narcotráfico.

Tras permanecer unos días en la Nunciatura, Noriega se entregó el 3 de enero de 1990 a las tropas estadounidenses y desde entonces ha estado preso en Estados Unidos, Francia y Panamá por narcotráfico, blanqueo de capitales y desaparición de opositores.

"La forma que se acepta la invasión por muchas personas es que nosotros fuimos invadidos para sacar al general Manuel Noriega, pero eso es un insulto a la inteligencia de los panameños", comentó a la AFP Mirca Rodríguez, cuyo hermano murió en combate.

- Una invasión, diversas causas -

Algunas fuentes sostienen que la invasión se produjo porque Noriega se negó a obedecer órdenes para atacar al gobierno sandinista de Daniel Ortega y no querer renegociar los tratados Torrijos-Carter, mediante los cuales Panamá recuperó en 1999 el Canal de manos estadounidenses.

Sin embargo, muchos panameños vieron con buenos ojos la invasión, al poner fin a la dictadura de Noriega (1983-1989) tras años de graves violaciones a los derechos humanos y de una economía destrozada.

"Para poder sacar a un dictador se ha pagado un precio muy alto. Nadie puede justificar que ese costo fue razonable, pero la libertad y la democracia para parirlas tienen que tener sangre y dolor", aseguró Aurelio Barría, uno de los líderes opositores a Noriega.

"La invasión nos liberó de un monstruo que ellos mismos (EEUU) crearon, pero causó un montón de muertes. Es justo que todos estos panameños inocentes que cayeron en esta desafortunada invasión reclamen pero también hay que reclamar por Noriega", dijo Karmenza Spadafora, cuyo hermano murió a manos del régimen del detenido general.

Por primera vez un presidente panameño, Juan Carlos Varela, acudirá a los actos oficiales el 20 de diciembre en honor a las víctimas, aunque ha descartado cualquier tipo de reclamo a Estados Unidos por la invasión.

"Este gobierno considera oportuno tratar de sanar las heridas que este país tiene todavía abiertas", dijo la canciller Isabel de Saint Malo. Sin embargo, cada año son pocas las personas que acuden a los diferentes homenajes.

"Los Estados Unidos están aquí hace más de 50 años y forman parte del paisaje y la gente se acostumbró a ellos. Además, los distintos gobiernos siempre han sido muy cuidadosos para que Estados Unidos no se disguste y tome represalias", dijo a la AFP el escritor Pedro Rivera.

Mientras tanto, Noriega purga varias condenas de 60 años a orillas del Canal de Panamá por la desaparición del opositor Hugo Spadafora y por la llamada masacre de Albrook, en la que el militar Moisés Giroldi y otros oficiales murieron tras una sublevación.

Sin ningún poder político y abandonado a su suerte por sus antiguos colaboradores y copartidarios, Noriega, de 80 años, pide sin éxito cumplir sus condenas en casa, después de sufrir derrames cerebrales, cáncer de próstata y padecer una depresión.

"Ya nadie sabe lo que pasó y cada uno cuenta la historia como le da la gana", se limitó a decir Noriega en un mensaje a un canal local.


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