Panamá

Trabajo doméstico indígena: Estereotipos, historias y retos

viernes 4 de mayo de 2018 - 12:00 a.m.
Sharon Pringle Félix
opinion@laestrella.com.pa

La labor de las empleadas domésticas es insuficientemente remunerada y, casi siempre, sus actores discriminados

DESAFÍO

Un asunto es ser mujer, otro, ser mujer e indígena, y distinto es ser mujer, indígena y migrante. El trabajo doméstico que desarrollan las mujeres indígenas es algo poco explorado, una telaraña que pocos quieren desenredar.

En ‘El Dueño Ausente', canción de la peruana Chabuca Granda, una indígena baja de la Sierra y es sobrecargada en labores. A cientos de kilómetros, la realidad, similar, indigna.

Aulina Ismare, una wounaan, está convencida que, como originaria, es discriminada el doble o triple que otras mujeres. Recostada en la butaca de un hotel en la ciudad Panamá, converso con dos indígenas, una de ellas, Aulina, es parte de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas. Hablar de trabajo doméstico realizado por los autóctonos, no es fácil.

Ella, relajada ante una taza de café, cuenta que, anteriormente, la india solo servía para el aseo, no ayudaba a los niños y, en las empresas, sostuvo, era inconcebible verles en puestos de oficina, dada la poca escolaridad que arrastran.

‘Tuve un trabajo donde éramos tres empleadas. Una, oriunda de Penonomé, recibía maltrato verbal a diario. El maltrato nos marca, imposibilita superarnos, a veces viene de las propias mujeres', Aulina acaricia el borde de la taza. Ha percibido con los años, que el hombre doméstico tiende a estar a lo externo de la casa con menos conflictos. También que, a mayor ingreso, en los hogares es mayor el maltrato.

Lo relevante en cuanto al fenómeno de la migración de las indígenas es cómo sus identidades son transformadas, dado que están marcadas por la marginación, la discriminación y explotación laboral.

El estudio ‘La feminización de la migración indígena en Panamá: patrones, narrativas e impactos', de Eugenia Rodríguez Blanco, del Centro de Investigación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, identifica dos patrones: las mujeres que migran en familia y quienes lo hacen solas. Este último grupo incluye a jóvenes sin cargas familiares directas que emigran por estudios y -en menor medida- trabajan; y las de más edad, madres y jefas de familia, por abandono del marido y padre de los hijos.

‘La mujer que no tiene una educación superior y debe trabajar en una casa de familia, la pasa mal', concluye Aulina, quien dirige una sonrisa hacia Norma Miller Montero, una enfermera bocatoreña con una historia digna de un best seller. Esta mujer ngäbe, se desajustó aquella frase cual cinturón. Trabajó como doméstica en vacaciones escolares durante cuatro años, suficientes para sumar un puñado de anécdotas.

‘Mi abuela me crió, pues mi mamá viajó de Bocas del Toro a la ciudad, trabajaba en casa de familia, luego me mudé con ella para estudiar. Empecé a trabajar para tener lo mío. La primera vez cuidaba tres niños y me pagaban 60 dólares mensuales, me trataban bien. Después, cuidé a dos niños rebeldes, allí me engañaron, tuve un mes sin cobrar. Me levantaba temprano y dormía a las once de la noche. Además, recibía gritos de mi jefa... Luego trabajé en una fonda, y opté por entrar a la universidad. Mi papá me ayudaba, pero tuvo un accidente, como mis clases eran de día, comencé a hacer trabajos en computadora. Avancé, me uní a mi pareja y tuvimos un hijo'. Norma, quien ha sido presidenta de la organización Mery Ngäbe, donde orientan a mujeres en el reconocimiento de sus derechos, respira como desechando el recuerdo.

Hay domésticas a las que no les pagan lo que merecen, algunas embarazadas son vulneradas, otras logran estudiar. Norma no comprende cómo, quien necesita de los servicios de otra persona, no reconoce que es un trabajo y debe pagarlo.

La Conferencia Internacional del Trabajo aprobó el ‘Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y trabajadores domésticas en 2011', sin embargo, persisten condiciones.

El 94% de quienes lo ejercen son mujeres, de estas un 24% son pobres y el 63% no tiene seguridad social. Dicho contexto condiciona que tengan lugar cambios pro igualdad de género en las vidas de las indígenas migrantes.

No siempre la economía estuvo asociada al tema de cuidados, que tiene que ver con la administración del hogar. Es un instrumento que busca cuantificar el aporte de las mujeres, de las familias y del mundo doméstico. Llega un momento en que se sospecha que algo en la esfera de lo doméstico aporta a que el mercado funcione.

Norma y Aulina despojaron sus nostalgias en el café, yo me alejé y recité mentalmente los versos de Roque Dalton: ‘En nombre de quienes cuidan hijos ajenos (y venden su fuerza de trabajo en forma de amor maternal y humillaciones)'.

La actividad de las trabajadoras domésticas insuficientemente remuneradas es una realidad que enfrenta un número creciente de mujeres, donde las indígenas son mayormente afectadas, por lo que urgen soluciones respecto a la facilitación de políticas, y en las condiciones en que se presta este trabajo.

DATOS

25%

de la población indígena vive en un lugar diferente al que nació.

‘Empecé a trabajar para tener lo mío. La primera vez cuidaba tres niños y me pagaban 60 dólares mensuales, me trataban bien'.

TRABAJADORA BOCATOREÑA

Norma Miller


comments powered by Disqus

Multimedia

  • Videos
  • Fotos
    .

Lotería

domingo 23 de septiembre de 2018

  • 6254 1er Premio
  • BDAA Letras
  • 19 Serie
  • 3 Folio
  • 2492 2do Premio
  • 0782 3er Premio