Panamá

El reto de aprender y enseñar en la oscuridad

lunes 27 de agosto de 2018 - 12:00 a.m.
Judit Peña
jupena@elsiglo.com.pa

Joven de 28 años con discapacidad visual es docente en educación especial

DETERMINACIÓN

Aprender a leer y escribir es un proceso por el que todos los que recibimos formación escolar, debemos pasar en algún momento de nuestras vidas, principalmente, cuando somos niños. En este proceso enfrentamos dificultades que logramos superar con constancia y determinación, pero si para usted, que tiene sus cinco sentidos, se le ha complicado alguna vez, imagine cómo es para una persona con discapacidad visual.

Hace 28 años, en la provincia de Darién, casi llegando a la frontera con Colombia, en un poblado llamado El Real de Santa María, nació Ingris Rivas, una niña que a simple vista era como todas las demás, pero que jamás imaginó que su vida cambiaría al pasar de los años.

Ingris corría, jugaba, estudiaba, veía los colores y disfrutaba como cualquier otra persona de su edad, pero de a poco sus familiares notaron algo diferente en sus ojos, por lo que fueron en busca de ayuda médica. Al ser atendida por un especialista en Darién los médicos informaron a la familia que la niña padecía un glaucoma congénito que poco a poco acabaría con su visión.

‘Mi madre dice que ella se cuidó en su embarazo, así que no sabemos que causó el glaucoma', cuenta Ingris, mientras me toma del brazo para abordar el Metro.

La joven, que hoy tiene 28 años, recuerda que de niña fue operada varias veces, para controlar el glaucoma, porque esta enfermedad no tiene cura, pero que las intervenciones quirúrgicas no daban el resultado esperado.

El glaucoma congénito es un conjunto de enfermedades caracterizadas por la existencia de anomalías causantes de un aumento en la presión interna del ojo, lo que daña el nervio óptico, órgano encargado de transmitir la información visual al cerebro.

Ingris logró aprender a leer y escribir y cursó los primeros años de su educación primaria, en la escuela República de Italia, como cualquier persona, pero cuando faltaba poco para ingresar al primer año de secundaria perdió la visión de forma definitiva.

Un día viendo la televisión le comentó a su madre que no podía ver y que todo estaba oscuro. Al llegar al hospital, el médico no quiso atenderla porque el día anterior había sido su cita de revisión. Él dudaba que de un momento a otro la niña perdiera la visión.

 

Una enfermera se ofreció a realizar los exámenes y, con los resultados, confirmaron que había sufrido un desprendimiento de la retina, por lo que debía ser intervenida quirúrgicamente. Pero por afanes del destino la operación no pudo ser concretada a pesar de que la niña había sido internada. ‘Por eso me quedé ciega, porque no me operaron de inmediato', recuerda.

Pero los obstáculos que Ingris había sorteado hasta ese momento eran pequeños para los que tendría que enfrentar en adelante, pues ahora debía empezar de cero y aprender nuevamente a leer, escribir y hacer sus deberes escolares de una forma diferente.

Al tiempo que Ingris iba a la escuela regular asistía a la escuela para ciegos, donde le enseñaron cómo funciona el sistema braille, la nueva herramienta con la que sin saberlo continuaría trabajando hasta convertirse en una profesional.

El braille, es un sistema pensado para las personas ciegas, que se utiliza para leer y escribir a través de seis puntos táctiles que de forma individual o en conjunto forman las letras.

De acuerdo con el Ministerio de Educación, en el sistema público hay 357 estudiantes con discapacidad visual, estos son atendidos por mil docentes preparados en educación especial.

Meduca asegura que en los últimos años, han capacitado a los docentes enfocados en diversidad de metodologías, diseño universal para el aprendizaje, tecnologías y software accesibles, como hablando con Julis, lectura y escritura braille, matemática braille, entre otros.

Además de esto, Panamá tiene el Centro de Recursos Louis Braille, que funciona desde el año 2009, donde se transcriben, adecúan e imprimen en Sistema Braille, relieve o formato sonoro, todo tipo de información educativa, laboral o literatura, requerida por personas ciegas.

Siendo independiente

En la escuela para ciegos, a la corta edad de 13 años, le pidió al maestro de orientación y movilidad, Luis Jiménez, que le enseñara cómo desplazarse sola con ayuda del bastón blanco con la punta roja. Su determinación le permitió aprender a hacer un recorrido desde San Miguelito, en Torrijos Carter, hasta la escuela República de Italia, ubicada en el sector de Pan de Azúcar.

Cuando culminó su sexto grado, Ingris ingresó al Instituto Rubiano, allí conoció a Michelle Hill, una niña que sí podía ver, ella se convirtió en su mejor amiga y en sus ojos dentro de la escuela, desde primero hasta sexto año. ‘Ella todo lo que pasaba me lo describía', manifestó.

Las tareas Ingris las hacía en el sistema braille, por lo que la maestra especial debía transcribirla a letras latinas para entregarlas a los demás profesores. En esta escuela Ingris usaba una grabadora de voz para en casa poder estudiar las clases de sus profesores.

‘También llevaba mi máquina Perkins que no podía faltarme', dijo. Agregó que sus parciales los hacía de forma oral. La máquina Perkins es la utilizada para escribir en sistema braille.

A los 14 años nuevamente Ingris debía pasar por el quirófano, esta vez en una clínica privada, pues en los exámenes detectaron que tenía coágulos de sangre y basura en los ojos. La operación costaba unos ocho mil dólares, pero no tenían el dinero, el médico les dejó la intervención en tres mil dólares, por lo que Dora Rivas, madre de Ingris, hizo desde tómbolas hasta venta de comida para recaudar el dinero y de esta forma intentar que su pequeña recuperara la visión. A pesar de la operación Ingris no volvió a ver, pero esto no fue un obstáculo para continuar su vida y sus estudios.

Al graduarse de tercer año, decidió tomar el bachiller en letras, pues anhelaba ser comunicadora social o educadora. En esta etapa de su vida volvió al quirófano, esta vez para realizarse un trasplante de córnea, el cual podría dar resultados en cinco años, sin embargo, este procedimiento tampoco rindió frutos.

‘La discapacidad yo la he tomado como algo muy positivo y que Dios tiene un propósito en mi vida', expresó, mientras abordábamos un metrobús de la ruta Torrijos Carter, en la Estación Los Andes.

En este momento Ingris suspende su relato para pedirle amablemente al conductor, del bus 1035C, que si puede dejarla un poco más adelante de su parada, debido a que es a cien metros de la parada reglamentaria del metrobús donde ella puede tomar un taxi.

A pesar de que Ingris puso a este hombre en conocimiento sobre su discapacidad, él se negó a dejarla donde le pidió por cuestiones del reglamento de la empresa. Por esto, Ingris debió caminar 100 metros en una vía que carece de aceras, las calles tienen cráteres con aguas estancadas y un ‘pataconcito' de basura en medio del paso.

Estos son parte de los obstáculos que a diario la joven docente, que vive en Vacamonte, provincia de Panamá Oeste, tiene que sortear para llegar a su destino. Por esta razón, la educadora espera ser trasladada a un centro educativo del área Oeste.

Este tipo de barreras actitudinales, son las que Miguel Atencio, técnico en accesibilidad para todos, en la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis), dice que debemos superar. Atencio recuerda a la población en general que una persona con discapacidad también estudia, trabaja, convive con los demás, por lo que brindar apoyo y ser empático es clave para tener una convivencia agradable.

‘Las personas con discapacidad visual necesitan ayuda para cruzar la calle, que les adviertan si hay un hueco o alcantarilla sin tapa', indicó. Manifestó que, de acuerdo con el estudio de prevalencia de discapacidad de 2006, en Panamá hay 87 mil personas con algún grado de discapacidad visual, entre baja visión y ceguera total.

Un reto superado

Al retomar su relato, Ingris cuenta que decidió ingresar a la universidad y optó por la carrera de educación especial porque siempre quiso ayudar a las personas con discapacidad.

En la universidad su hermana Carla Rivas fue su apoyo, pues le ayudaba a transcribir los materiales de estudio a braille y también la apoyaba con sus trabajos.

Al graduarse de la Universidad Especializada de Las Américas (UDELAS), Ingris fue nombrada como docente especial en Darién y sin dudarlo accedió a tomar el puesto ya que conocía muy bien las carencias en el sistema educativo para su provincia natal.

Laboró un año en esta área del país y luego fue trasladada a la escuela Martin Lutter King, donde actualmente atiende de forma individualizada a 30 niños con diferentes discapacidades. La mayoría tiene dificultad en el aprendizaje, por lo que adecúa los materiales de enseñanza tanto para ella como para sus alumnos.

Todas las fotos de: Albin García


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