Panamá

No quieren saber del coronavirus en Mulatupu

No quieren saber del coronavirus en Mulatupu

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miércoles 1 de abril de 2020 - 3:32 p.m.
Leadimiro González C.
lgonzalez@elsiglo.com.pa

En la entrada de cada establecimiento hay una vasija con agua y jabón para que la gente se lave las manos antes de ingresar

Para que su hijo Yader, de 9 años, no salga a las calles del pueblo en esta cuarentena, Inelka Alba, tuvo que decirle que un murciélago gigante había llegado y se estaba llevando a los niños.

Desde entonces su hijo permanece encerrado entre cuatro paredes y de vez en cuanto se asoma por la ventana para ver si es cierto que el murciélago anda por allí.

Inelka vive con sus tres hijos en la comunidad de Mulatupu, en la comarca de Guna Yala, ubicada cerca de la frontera con Colombia, donde aún no ha llegado el coronavirus. Pero viven con miedo.

Hace dos semanas las máximas autoridades de la comunidad ordenaron a los isleños permanecer en casa. Tampoco nadie entra ni sale de la isla. 

El horario de la cuarentena se mantiene todo el día, sólo se permite ir a la tienda a comprar  comida enlatada, ya no hay pollo ni carne. 

En la entrada de cada establecimiento hay una vasija con agua y jabón para que la gente se lave las manos antes de ingresar. 

El que no acata la cuarentena es apresado o debe pagar una multa de 100 dólares. 
Algunos salen a pescar o cazar  a falta de suministros de comida, pues las embarcaciones colombianas que usualmente llegaban a esta población a vender mercancías, ya no están entrando.

"Ayer comí arroz pelado", confiesa Inelka vía telefónica a El Siglo.Tampoco está llegando transferencias de dinero desde la ciudad y muchos han tenido que fiar en las tiendas. La situación se está volviendo caótica. 

La casa del congreso, donde los comuneros solían reunirse para tratar los asuntos del pueblo, está cerrada. En las viviendas la gente prepara medicina tradicional a base de hierbas para tomar.

Ellos creen que el "inagabi" les fortalecerá sus defensas y así estarán mejor preparados  para enfrentar  el  virus por si llega  a la isla. Incluso, muchas madres  han pintado el cuerpo de sus hijos con  jagua  para espantar la mortal enfermedad que ha matado a miles de personas en el mundo. 

En la isla, donde habitan unos 5 mil personas  sólo hay un hospital y un doctor para atender todos los comuneros.

"El hospital no está preparado, no está bien equipado", dice Inelka con cierta preocupación. Solo están atendiendo casos graves. 

La preocupación no es para menos cuando la noche del martes familiares  de un policía tuvieron que llevarlo de urgencia al hospital. Nadie sabe qué tiene, pero esperan que no sea el coronavirus. 

Al parecer el policía, quien recién había capturado a varios narcotraficantes y había ido a dejarlo a Colón, regresó hace dos semanas  a la isla. 

Hasta los rituales de los entierros en la isla han cambiado. Antes en los sepelios se hacían reuniones, se repartía comida y café, ahora sólo se limitan a algunos familiares y el muerto directamente al hueco.

En otras islas los curanderos entonan cantos curativos entre humos de sahumerios para que el coronavirus no llegue a su isla, aunque ya la enfermedad ha llegado a algunas islas. 

Mientras el mundo sigue en la incertidumbre con la esperanza que llegue un milagro para detener el avance del virus, la gente trata de mantenerse encerrado en sus casas, como el pequeño Jader, que de vez en cuando se asoma por la ventana de su casa, para ver si es verdad que a su isla llegó un murciélago gigante.


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