Publicidad

Panamá

Portobelo en el viaje del Perú (1599-1606) De Fray Diego De Ocaña

Portobelo en el viaje del Perú (1599-1606) De Fray Diego De Ocaña

lunes 30 de septiembre de 2019 - 12:00 a.m.
Rommel Escarreola Palacios
redaccion@elsiglo.com.pa

Ellos tuvieron que esperar tres meses la llegada de los navíos para dirigirse al Perú.

El viaje del Perú de fray Diego de Ocaña es una obra que narra la travesía en Portobelo, donde el autor residió por unos cuatro meses y aprovechó para describir el tormentoso viaje hasta Panamá: la enfermedad de su compañero, la paupérrima situación económica y su dolencia final, así como la naturaleza verde y el clima caluroso y lluvioso de Portobelo. También hace énfasis en el impacto de este clima en los pobladores:

‘La gente que está de asiento en este puerto vive muy enferma, y los chapetones y los que vienen de España, si no se van a la mano en el beber, se mueren muchos, como se murieron de la gente que vino en los galeones; tanta, que fue necesario hacer gente en Panamá para volver a España, que grandísima lástima porque eran todos soldados viejos, por no haber poderse alojar; y como el agua del cielo era tanta, mojábanse mucho y luego con el sol enfermaron todos. … Está allí, cerca del puerto, en un repecho de un monte, el pueblo de los negros, los cuales eran cimarrones y andaban por aquellos campos haciendo mucho daño; y como les dieron libertad, recogiéronse allí y quedaron obligados a recoger a los demás negros que se huyen de sus amos; y así, en cogiendo algunos, luego le traen a la ciudad y le entregan a su amo. Y estos negros, cuando los ingleses venían huyendo, mataron muchos de ellos por aquellos campos, de suerte que ellos viven allí con libertad.” (Diego de Ocaña 44)

Fray Diego de Ocaña narra no solo las condiciones de vida y el malsano clima que afectaba a los españoles, sino la presencia de los cimarrones que mataban a los ingleses. También relata sus aventuras durante el trayecto y las dificultades de algunos pasos muy peligrosos cuando se recorre el río Chagre y la sierra de Capira.

Ellos tuvieron que esperar tres meses la llegada de los navíos para dirigirse al Perú. Destaca:

‘Por espacio de tres meses que estuve en Panamá los ocupé en asentar cofrades de nuestra Señora a toda la gente de la ciudad. La limosna que dieron fue dos mil reales: la mitad la dejé para que la enviasen a España y lo demás iba gastando en médicos y en las demás cosas necesarias para nuestra embarcación. En esta ciudad hay poca gente y no de mucha plata; y así la limosna fue poca'. (50)

En cuanto a los relatos de muchas curiosidades de la ciudad señala el clima malsano y el ruido de los truenos. Y destaca que:

(…), en el puerto de Perico, donde hay mejor agua y el temple y el sitio más sano que no el de Panamá; pero todos los barcos entran con las barras y las arrojan en aquella playa adonde las entregan a los arrieros para que las lleven a Portobelo. Y como yo no había visto barras de plata, admiréme de ver tantas, que aquel año bajaron a su majestad y de los mercaderes para avío de la flota que estaba en Portobelo y para emplear en la ropa que había venido de Castilla en lo uno y en lo otro, así del rey como de particulares, diecisiete millones.' (50-52)

Como se observa, sus relatos son tan descriptivos que fácilmente nos proporciona información sobre la ciudad de Panamá del siglo XVI y las descripción de su pobladores.

Tampoco le pasaron inadvertidas las prácticas de brujas y hechiceras:

‘Esto y muchas hechiceras que saben lo que se hace y sucede en otros pueblos. Y la muerte del católico rey don Felipe, la misma noche que murió en España, en esa misma se dijo a voces por las calles de Panamá, diciendo: el rey es muerto; y estas voces las oyeron muchos, sin que se supiese de qué persona. Esto y venir una mujer a dormir con un hombre desde Nombre de Dios a Panamá y volver aquella noche a Nombre de Dios a echar el pan en el horno, que lo dejaba en el estrado —y hay dieciocho leguas y de vuelta otras dieciocho, que son treinta y seis— y venir a estar con el hombre y volver a echar el pan en el horno, es ligereza de mujer, de las que hay en Panamá.' (55)

Si bien Ocaña nos relata su travesía por Perú, en esta obra –como hemos visto- pormenoriza situaciones que él observa cuando estuvo en el Istmo de Panamá, en especial de Portobelo, que el autor trata de aproximar la realidad del Istmo panameño.

Fray Diego de Ocaña narra no solo las condiciones de vida y el malsano clima que afectaba a los españoles, sino la presencia de los cimarrones que mataban a los ingleses.
 


Te recomendamos ver

comments powered by Disqus
Publicidad
Últimos Videos
Publicidad

Lotería

miércoles 07 de febrero de 2024

  • 6937 1er Premio
  • CDDC Letras
  • 11 Serie
  • 10 Folio
  • 5939 2do Premio
  • 5229 3er Premio
Publicidad
Change privacy settings