Panamá

Así pasan las horas en el Parque de Santa Ana

Así pasan las horas en el Parque de Santa Ana
Aris Martínez | El Siglo

Adultos mayores se siguen reuniendo a debatir sobre política y contar anécdotas.

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martes 5 de marzo de 2019 - 12:00 a.m.
Patricia Tapia
redaccion@elsiglo.com.pa

Indigentes y prostitutas se han adueñado del histórico lugar

CRÓNICA

Siete de la mañana. En silencio, residentes, visitantes y turistas transitan por el Parque de Santa Ana, lugar que fue testigo de las luchas reivindicativas más importantes de nuestra República.

Unos van de paso, tal es el caso de los turistas que llegan a la plaza para llevarse un recuerdo de esta, otros acuden al lugar para trabajar, en este sentido se encuentran los buhoneros del antiguo ‘Salsipuedes' y los famosos ‘limpiabotas' que asisten al lugar para buscar el sustento del hogar.

Declarado monumento histórico en 1984, el Parque Santa Ana parece haber olvidado su importancia de antaño para convertirse en un centro de vicios y perdición.

Allí entre los malos olores y la suciedad, convergen cientos de personas sin importar clase social, distinción de raza, creencias e ideologías.

Atrás quedaron los años en que el lugar solo era frecuentado por eruditos, intelectuales y políticos. Ahora es el principal punto de encuentro entre ancianos, alcohólicos, indigentes y prostitutas.

Ya en el lugar, no resulta extraño encontrar a señores de la tercera edad leyendo periódicos, así como grupos de hombres que a toda voz debaten sobre la política nacional, pues las elecciones están a la vuelta de la esquina. Mientras que, al lado se encuentra un hombre casi inconsciente, se trata de un borracho que con botella en mano se encuentra sumergido en el alcohol.

En una de estas bancas se encuentra Thais, una mujer de estatura alta, tes morena, ojos color café y cabello largo negro. Ella no vive en el área, pero aun así visita con frecuencia este parque, que ha sido declarado monumento histórico.

Mirando a su alrededor sostiene que esta plaza representa una parte histórica para la comunidad de Santa Ana, ya que en la época colonial sirvió de muralla entre la sociedad rica y pobre.

‘Antes era más agradable, el parque se encontraba en buenas condiciones y era más frecuentado, ahora se encuentra sucio y sólo se llena para ocasiones especiales en que la alcaldía realiza actividades', sostuvo Thais, mientras un joven en bicicleta recorre el parque vendiendo periódicos.

La mañana en la plaza transcurre de forma tranquila a través del canto de los pájaros y el ruido de los ‘diablos rojos' que aún transitan por la zona, poco a poco empiezan a abrir los locales de buhonerías, mientras que, en los alrededores, indigentes deambulan entre los botes de basura en busca de desperdicios.

En una esquina de la iglesia colonial, se encuentra Agustín Obando Graell, un hombre de contextura delgada, estatura media y cabello canoso. Este ‘limpiabotas' que está todos los días desde temprana hora señala que aquel lugar es una ‘comedia'.

‘El parque Santa Ana se ha convertido en un negocio. Cada cinco años viene un alcalde nuevo, lo arreglan por ‘encimita', cambian las flores, brindan mantenimiento los primeros cuatro meses y luego se olvidan de él, es pura pantomima'.

Tiene más de 50 años de trabajar en el lugar y sostiene que antes el parque estaba limpio y era concurrido por intelectuales y políticos, sin embargo, hoy en día es visitado por todo tipo de personas del mal vivir.

Tal como dijera este ‘limpiabotas', a medida que el tiempo pasa, al ‘parque de los viejitos' empiezan a llegar mujeres que se dedican a vender sus cuerpos.

‘Ya no importa que no sea de noche, aquí la prostitución se ve a todas horas. Ellas vienen para ver que ‘pescan', aunque la mayoría de sus clientes son ancianos, y de vez en cuando, uno que otro joven', comenta un residente, un adulto de 72 años bastante parlanchín.

Así transcurre el tiempo en el antiguo arrabal de la época colonial, donde el movimiento de personas incrementa a medida que la tarde se va acentuando, puesto que en los adyacentes del área, se encuentra los comercios de la avenida central, los vendedores de frutas y legumbres, además de los billeteros, quienes desde las veredas, exclaman ‘Chance, chance, venga y compre su chance' a cualquiera que pase por allí.

Sin olvidarnos del renovado ‘Salsipuedes', aunque para ser sinceros, este es el lugar menos concurrido, y es que, a pesar de haber más de cuarenta puestos de buhonerías, la zona está muerta.

Hecho que nos confirma doña Ofelia, quien con una voz resignada comenta a este medio que las ventas han bajado considerablemente desde la reubicación.

De acuerdo con esta humilde buhonera, los clientes estaban acostumbrados al antiguo lugar, ahora nos estamos comiendo un cable y por si no fuera suficiente, vienen los delincuentes y nos roban lo poquito que tenemos, ya que aquí no hay suficiente seguridad y falta no le hace, ya que en la plaza solo se puede apreciar a un solo policía municipal.

Ya con la llegada de la noche, el parque de Santa Ana se convierte en el principal punto de albergue de adultos con problemas de alcohol, prostitutas, indigentes que encuentran en las bancas un refugio y delincuentes que esperan encontrar a su próxima víctima.

Sin duda del parque de Santa Ana de la época colonial solo quedan las anécdotas de aquellos como el señor Agustín que se niega a ver esta plaza con tanta historia sumergida en el vicio y la perdición.

ACONTECIMIENTO

1890

Año en el que fue inaugurado el Parque Santa Ana, un 28 de noviembre.


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