Panamá

La Guerra de los Mil Días

La Guerra de los Mil Días

sábado 30 de noviembre de 2019 - 12:00 a.m.
Rommel Escarreola Palacios
redaccion@elsiglo.com.pa

La Guerrilla de Victoriano Lorenzo IV Parte

Nada más, ni nada menos que la batalla de Penonomé fue el ensayo para la toma de la ciudad de Panamá. Esa insurgencia guerrillera era la respuesta de pugnas ancestrales. El criollismo conservador había desatado la furia de los indígenas, encadenados, históricamente, como hemos visto en los artículos anteriores, al ignominioso latifundio y al infeccioso racismo. Así emergió la cholada en rebeldía infamante cruzando cerros y escondiéndose contra el sistema opresor. Eran almas consumidas por el rapaz y endemoniado odio de clases de ceñido corte colonial.

La falta de municiones de los guerrilleros fue el auxilio que recibió el general conservador Payán y le dio la oportunidad de colocar a salvo a su atemorizada tropa y evitar la toma de Penonomé. Para sortear estas deficiencias, Victoriano Lorenzo remite una nota escrita probablemente en La Negrita, el 30 de octubre de 1901, al jefe de Operaciones del general Domingo Díaz, en este caso al general Saúl Cortissoz, en la que le expone lo siguiente: ‘Con el ejército que me acompaña, abriré pronto operaciones sobre Aguadulce, Veraguas, Los Santos y Chiriquí. Es mí deseo al emprender estas nuevas operaciones, asegurar una base más de positivo triunfo sobre la capital, más para poder ejecutar estos planes, concurro, a Ud., en solicitud de un contingente de 10,000 tiros de Remington solicitud que hago a Uds., en nombre de la causa liberal que defendemos' (p.90).

La amigable nota de Lorenzo al general Domingo De La Rosa y Domingo Díaz, facción liberal que se había distanciado de los guerrilleros, nos coloca en varias dudas del fiel resultado de este pedido.

¿Un asalto a la ciudad? ¿Una carta a su copartidarios distanciados? ¿Y qué de la experiencia del desastre del puente de Calidonia? La respuesta, sin unidad liberal, sería un fracaso. Díaz apostó por el ataque a la ciudad de Colón y tramó un supuesto cambio de prisioneros con el general Carlos Albán. La acción fue encomendada a los liberales Patiño y Saúl Cortissos, leales a Díaz, quienes atacaron la poca guarnición en Colón integrada por 25 militares del Bon Mompox y policías. El ataque liberal resultó un fracaso. A todo lo anterior, Victoriano Lorenzo desconocía el plan de ataque de sus copartidarios liberales. ¡Torpe estrategia¡ Patiño, Cortissos y Triana salieron en desbandada y en el camino se encontraron con Albán y en una escaramuza en San Pablo y Buena Vista los liberales Nicholson y Ayala fueron abatidos. Al igual en Fox River Patiño, Cortissos y Triana murieron.

Las tropas yanquis desembarcaron y despolvaron el Tratado de 1846, para impedir más combates. A la 1 pm del 28 de noviembre de 1901, (Diario Mercurio p.2) informaba que, a bordo de barco de guerra Marietta de los Estados Unidos, se ‘pactó allí y firmó con el señor de la Rosa una capitulación, realmente comprensiva para los rebeldes que quedaban en la ciudad de Colón, idéntica à la que con lujo de generosidad celebró con los revolucionarios el 26 de julio de 1900'. Proscritos el ejército liberal, la división los llevó al fracaso. Ahora, Victoriano Lorenzo se enfrentaba con los godos junto al Dr. Porras. No había fundamento para la división y, sin embargo, continuó como malestar difícil de ser extirpado. Tal fue el hecho de Antonio ‘Papi' Aizpuru, el 9 de octubre de 1901, en La Chorrera, se declaró jefe Civil y Militar de la revolución.

Hay que destacar que la guerrilla de Victoriano Lorenzo fue el elemento que suplantó la dirección del ejército regular luego del fracaso del puente de Calidonia. Una fase que se extiende desde julio de 1900 hasta el 24 de diciembre de 1901. Al llegar el general Benjamín Herrera desde Colombia, se desembarcan en Tonosí. Y se produce la coalición de las fuerzas entre Porras, Lorenzo y Benjamín Herrera.

La fase guerrillera había culminado con la llegada del general Benjamín Herrera. Pero la experiencia de los indígenas aún permanecía latente. La táctica de ataque de improviso a los cuarteles del ejército conservador y su rápida huida se convirtió en el método revolucionario de Victoriano Lorenzo. Su cholada trashumante recorría montañas y senderos rodeando al enemigo y lo acosaba con saña. Su condición social era el ideario que lo impulsaba a la lucha. Estigmatizado y enjuiciado por requisitorios decretos no detuvieron las emboscadas perpetrada por la tropa irregular de combatientes indígenas. Su instinto se rebelaba contra los diezmos y los impuestos de los terratenientes y gamonales.

En rápida expresión solidaria, los describió el Dr. Porras: ‘son una raza de proscritos en la cordillera, a donde los arrincona cada vez más la codicia de la torpe autoridad de nuestra tierra', (Porras, Memorias. p. 290). La guerrilla de Victoriano Lorenzo se incorpora a la nueva estructura militar y se conforman los batallones: Los Santos, Cundinamarca, Vargas Santos, Coclé y Gaitán. Estos batallones integraban la División Panamá y la segunda División Cauca por Benjamín Herrera. Nadie los detendría. Iban hacia la toma de la ciudad de Panamá.

(Diario Mercurio p.2) informaba que a bordo de barco de guerra Marietta de los Estados Unidos se ‘pactó allí y firmó con el señor de la Rosa una capitulación, realmente comprensiva para los rebeldes que quedaban en la ciudad de Colón, idéntica à la que con lujo de generosidad celebró con los revolucionarios el 26 de julio de 1900'.
 

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