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jueves 17 de diciembre de 2020 - 12:00 a.m.
Rommel Escarreola Palacios
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El suicidio chino en la construcción del ferrocarril - Parte XV

Siguiendo el artículo anterior sobre el suicidio colectivo de los chinos. He llegado al principio de una propia conclusión la cual no es en absoluto la definitiva, y que a la vez estas conclusiones me genera disgusto. Es cierto que los chinos y su lamentable final fue un hecho aún que es imposible concluirlo.

En consecuencia, el determinar el final de esa acción colectiva encarnado en un ritual mezclado entre la impotencia y lo místico. Y me molesta que solo se fije en el problema del opio, y negando el derecho humano y al contrario considerarlos como esclavo. Eran odiados por los trabajadores irlandeses y los de otras nacionalidades. Pero con ello, antes de su llegada en su travesía habían experimentado la más horrorosa acción de esclavitud.

Engañados y otros obligados se les prometió la sublime vida y el goce del trabajo remunerado. Pero todo fue una farsa de mercaderes de la ‘trata amarilla.' En el caso del Perú, fueron recluidos en sucias barracas en plantaciones sometidos a duras jornadas de trabajo con la complacencia de los gobiernos de turno. No se les permitía la salida eran presos. Entre los intermediarios se encontraban los contratistas y especialmente los mercaderes estadunidenses. Hasta el caso de secuestros y luego los embarcaban contra su voluntad.

El libro de Berta Alicia Chen es esclarecedor cuando escribe: ‘A veces se les encadenaba a postes de hierro y algunos eran seleccionados indiscriminadamente y flagelados para que sirvieran de ejemplo a los demás.' (p. 35). Otro caso mencionado por la autora que sucedió en 1855, también en Perú cuando fueron encerrado en un velero norteamericano sometidos en la parte inferior del barco 450 chinos.

Su travesía de agonía y sin alimentación y agua. Agotaron sus fuerzas y se diezmo su autoestima sintiéndose ansiosos y agitados. Con el aire enrarecido del pestilente olor y sin recibir aire puro. Era el barco de la muerte de seres humanos despreciados por los tratantes norteamericanos.

El final del viaje fue el suceso que no fue calificado como auto suicidio. Y es así como el tránsito de una vida en su lugar de origen pasó a la realidad de un infierno flotante. Caían desmayados y sin ayuda alguna de los traficantes de las grandes potencias que hoy nos quieren dar lesiones de moralidad, democracia y que aún siguen explotando nuestros recursos naturales.

Al llegar al puerto y abrir las puertas de la jaula o aposento del ataúd prefabricado se encontraron con la macabra escena de que 300 habían muerto por las condiciones insalubre. Esto fue un caso criminal que pasó inadvertido debido a que la vida humana del chino era considerada como miserable e inferior, y considerado un objeto y un esclavo.

En el diario La Estrella de Panamá del viernes 24 de junio de 1853, se comenta sobre la inmigración asiática y aparece en el periódico citando un informe del Señor Wray el siguiente comentario: ‘De todos los labradores que he tenido ocasión de observa, no conozco ninguno concepto que bajo puedan compararse con los chinos bajo el punto de vista de su espíritu industrioso, su energía, sobriedad, inteligencia, aplicación, fuerza física perseverancia, agudeza y prudente economía combinada.

Esto es el resultado del examen y de la más constante observación. ‘(p. 2) Palabras encomiables que refutan la inacción y la vagancia que los esclavistas quisieron estigmatizarlos. Por eso, concuerdo con Amado Arauz, en su artículo Final de la leyenda al referirse negra, (Revista Épocas) al referirse o campara la labor de los chinos en California y en Panamá. La cantidad de migrantes chinos en California llegaron a 15,000.

Hasta trabajaban más de los necesario en California donde tenían que construir túneles en las laderas montañosas con el frio del invierno aproximadamente 30 pies de nieve día y noche turno de 8 horas. (Araúz p. 5). Con mejor atención debido a su comportamiento y dedicación al trabajo. Mientras en Panamá en su paso los chinos por Obispo Soldado, Chagres y Matachin este último pueblo teñido de la obsesión del suicidio chino lleva su nombre desde tiempos coloniales y se aparta del mito de la muerte de los chinos.

Cruel el trabajo y miserable el ambiente, con extremo cuidado me fijo en la historia, o en algunas historia que se deduce que el chino-ferrocarril, es sinónimo de opio. Los otros elementos constitutivos de su ser interior borrados y hoy recambio la historia. Y coloco a Totten como un esclavista y los chinos víctima del escordio de la acumulación de dinero.

El final del viaje fue el suceso que no fue calificado como auto suicidio. Y es así como el tránsito de una vida en su lugar de origen pasó a la realidad de un infierno flotante. Caían desmayados y sin ayuda alguna de los traficantes de las grandes potencias que hoy nos quieren dar lesiones de moralidad
 

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