Panamá

Crisis constitucional... una opinión

Crisis constitucional... una opinión
Archivo / El Siglo

La Constituyente no es la panacea, pero permite conocer la voluntad del pueblo.

miércoles 20 de enero de 2021 - 12:00 a.m.
Leopoldo E. Santamaría
redaccion@elsiglo.com.pa

En medicina el término constitución alude a las características físicas y morfológicas de la estructura anatómica

En medicina el término constitución alude a las características físicas y morfológicas de la estructura anatómica, que integran el cuerpo humano; se distinguen tres biotipos, ectomorfo, endomorfo y mesomorfo. En Derecho, el concepto atañe al andamiaje u ordenamiento normativo de la estructura institucional del Estado.

Toda vez que aquí, ninguno de los tres órganos del Estado cumple su cometido, la crisis es constitucional, imperan la corrupción y la demagogia; además, la falta de capacidad, de voluntad de servicio y la ausencia de liderazgo configuran la condición de Estado fallido, causa del deterioro económico y social, del aumento de la inseguridad y la frustración colectiva; escenario harto complejo, que no obstante la publicidad, será imposible superar a través de un pacto entre confabulados y una minoría de incautos, y menos aún, con reformas que aprobarían otros responsables del drama nacional. Retomando el símil del cuerpo humano, sería lo mismo que aplicarle parches de agua tibia a un paciente con apendicitis perforada; cuyo tratamiento exige extirpar el apéndice, porque la merde en la cavidad abdominal provocaría septicemia y muerte.

Toda la estructura es inoperante, por eso la crisis es constitucional; el pillaje desenfrenado hizo saltar la tapa del tanque séptico; de modo que la única vía pacífica, incluyente y además, única capaz de conferirle legitimidad al ejercicio del poder público, es la Constituyente, a secas, no para lelas ni lelos, aunque los artífices del engaño, en complicidad con los medios de manipulación social, insistan en venderla como solución. Sin credibilidad ni legitimidad, la autoridad es una fantasía.

La Constituyente no es la panacea, pero permite conocer la voluntad del pueblo, fuente genuina del poder público, hoy neutralizado por la asfixiante burocracia. ¿Quién se opondría a la reestructuración civil de una fuerza pública represiva, y convertirla en una institución de servicio y protección ciudadana? ¿Quién se opondría al saneamiento integral del sistema de administración de justicia?, ¿Quién rechazaría la clausura de la cueva de roedores y su enjuiciamiento por traición a la patria y por hipotecar el futuro de varias generaciones? ¿Quién se opondría a eliminar la reelección de todos los cargos de elección popular, a la rendición de cuentas y a la revocatoria de mandato para todos los funcionarios que no le sirvan a la población?. ¿Alguien rechazaría una auditoría forense integral a la Caja de Seguro Social y a sancionar a todos los involucrados en cualquier acto de corrupción, por lo menos de las tres últimas administraciones? ¿Alguien se opondría, a una auditoría forense a Odebrecht, desde su llegada hasta el pre sente? ¿Quién rechazaría el secuestro de todos los bienes mal habidos y encarcelamiento, de quienes resultaran culpables? ¿Rechazaría alguien, que los bienes recuperados se destinen a la solución de las necesidades básicas de la mayoría?. Quién estaría en contra de conferirle prioridad efectiva a la educación y a la salud pública?.

Por el tiempo, la gravedad y magnitud del daño generado, es una infamia prestarse para acuerdos alternos, ambivalentes y genuflexos; ¿nos unimos para exigir el referéndum por la Constituyente o seguimos creyendo en cuentos de hadas y en complicidades? ¿Usted qué opina?

‘Retomando el símil del cuerpo humano, sería lo mismo que aplicarle parches de agua tibia a un paciente con apendicitis perforada'
 

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