Panamá

La clase blanca y el poder

La clase blanca y el poder

miércoles 14 de agosto de 2019 - 12:00 a.m.
Rommel Escarreola Palacios
redaccion@elsiglo.com.pa

Los grupos de clase o la élite fortalecieron su dominio y desarrollo a partir de 1530, cuando se descubre en Perú

La clase dominante con el poder económico en la sociedad colonial panameña estaba conformada por los colonos hispanos y los criollos. Los otros sectores eran de clase más inferior que lograron escalar posiciones de algún sector de la economía. Los primeros eran, por lo tanto, los viejos conquistadores de las huestes de Pedrarias, militares, mercaderes, hacendados y los burócratas que dirigían el Cabildo o la Audiencia con bienes y sumas de dineros invertidos en negocios. En las clases inferiores se encontraban los mulatos, indígenas, zambos y pardos.

Los grupos de clase o la élite fortalecieron su dominio y desarrollo a partir de 1530, cuando se descubre en Perú, en 1545, las ricas minas de Potosí. Consideramos a los encomenderos, uno de los grupos de poder que sometieron al indígena al trabajo de la tierra y haciendas. Los cronistas Pascual de Andagoya y Oviedo aseguraban que los indios los obtenían rancheando y los ubicaban en sectores agrícolas. En el caso de Arias de Arévalo, según Alfredo Castillero Calvo, era dueño de encomienda de 57 indios, considerado el hombre más rico de Panamá. Todo lo producido por el indígena era ganancia para el encomendero. El indígena era un productor de bienes en el caso de Panamá, por eso la encomienda decayó por la mortandad de los indígenas.

El Dr. Alfredo Castillero Calvo afirma que el ingreso de los blancos españoles, obtenían algunos de sus ‘ganancias del sector agropecuario'. Menciona a Juan de Vargas, un exitoso dueño de fragatas, recuas y bergantines. Los blancos se dedicaban a las actividades mercantiles y la explotación de la actividad de la ruta de tránsito. También muchos se dedicaban a la propiedad urbana por renta. Otro buen negocio era el de las minas, principalmente, en Tabasará, en Veraguas y Coclé. Eran los dueños absolutos de este lucrativo negocio, los capitanes y gobernadores. En Natá, en 1661, un hábil e impetuoso capitán español Juan de Montesdeoca, quien poseía esclavos, logró llenar bolsas de riquezas.

Otro negocio que resultaría hoy repulsivo era para el rico blanco un negocio en compra y ventas de esclavos. La vida de mujeres y hombres robustos, traídos de Angola, se consumía en este tráfico brutal con la pobreza y la explotación, siendo los portugueses los campeones de esta compulsiva acción.

La corrupción de los españoles en el istmo campeaba sin control y las autoridades eran copartícipes de esta degeneración. Caso específico es la disputa por el cobro del impuesto para construir el Puente del Rey y ese reclamo venía del Cabildo. El puente era al principio de madera, pero luego levantado de piedras, se persistía con el afán de lucro cobrando el impuesto.

Cohecho y negocios ilícitos nos acompañan desde la colonia en proporción de menos a más, porque se desarrolló el ciclo de comercio dudoso y también contrabando por los españoles. Ya sea desde Alonso de Sotomayor y Andila quien asumió el cargo de gobernador y transfirió el poder a Barrio Sepúlveda. Su renuncia fue irrevocable por actos fuera del contexto de la débil ley de la colonia. Pero hay ciertas excepciones en el caso de Enrique Henríquez de Sotomayor, gobernador de Puerto Rico y capitán general de Castilla del Oro. Su gobierno fue efímero de 1634 hasta 1638. Hombre que, por su rectitud, se le escribió, como homenaje póstumo, el famoso Llanto de Panamá.

Los dueños de ganado obtenían buenas ganancias en las sabanas de Natà, con el esfuerzo de abastecer a Panamá, Portobelo y Nombre de Dios.

En palabras de Exquemelig, médico del pirata Henry Morgan, quien atacó la ciudad en enero de 1671. ‘Todas las casas de esta ciudad estaban construidas de cedro, siendo de muy curiosa y magnifica estructura'… Aquí podría haber 2,000 casas de magnífica y prodigiosa construcción siendo todas a la mayoría habitadas por mercaderes del país, que son inmensamente ricos. Para el resto de los habitantes de menor calidad'. Es prudente colocar las afirmaciones en duda de Exquemeling. Primero acepto que es correcta la afirmación de los ricos españoles que vivían de la especulación de la venta y alquiler de las casas en cuanto a su caudal, pero es muy dudosa su versión en el sentido de que, antes de que Morgan tomara la ciudad, la reserva de pólvora ya había sido incendiada y el fuego había alcanzado a los conventos y las casas. Su intención imaginaria era magnificar su conquista.

Los mercaderes se enriquecieron en el momento con el tráfico de mercancías en especial en 1607 con las Ferias de Portobelo donde la plata se amontonaba cerca de la aduana. Por aquí pasó la riqueza y, desde ese instante, Panamá quedó marcada inexorablemente de puente de tránsito y país de servicios o economía terciaria.

La corrupción de los españoles en el istmo campeaba sin control y las autoridades eran copartícipes de esta degeneración. Caso específico es la disputa por el cobro del impuesto para construir el Puente del Rey, y ese reclamo venía del Cabildo.
 

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