Panamá

El cerro que equilibra un conjunto de tablones

El cerro que equilibra un conjunto de tablones
Cortesía / El Siglo

Llegar hasta la cima del cerro es una experiencia inolvidable, el panorama te dejará sin aliento.

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domingo 13 de diciembre de 2020 - 12:00 a.m.
Lucy Garcés Évila
redaccion@elsiglo.com.pa

Este macizo montañoso Fue declarado monumento natural en el año 2001

Creo que fue una o dos horas que tomé para tocar el cielo con las manos, pero déjenme contarles cómo comenzó la travesía. Eran aproximadamente las 8:00am cuando me dispuse conocer El Cerro Gaital, un macizo montañoso localizado al norte de El Valle de Antón en la provincia de Coclé.

Desde que descubrí su existencia gracias a la magia del internet me sentí hechizada. Mientras conducía mi carro hacía esta nueva aventura, no dejaba de pensar en las miles de sensaciones que me despertaría el estar en la cima.

Fue así que conduje hasta el Valle de Antón y luego de preguntar mucho a los lugareños, llegué hasta un estrecho donde mi carro no podía avanzar más, luego de estacionarlo miré la montaña que se levantaba ante mi vista, era sin duda, un verdadero reto para mí. Y comencé a caminar, todo cuesta arriba.

Ascendía y ascendía y nada que llegaba, recuerdo que durante el trayecto tuve que en varias ocasiones alentarme porque la meta era llegar, ‘no te puedes rendir', me decía una y otra vez. ‘¿Falta mucho para llegar al Cerro Gaital?', pregunté a un señor que parecía que venía de montear, pues tenía en su mano un machete y estaba acompañado de su perro.

‘No… ya casi llega, le faltan por mucho 15 minutos', me respondió mientras me veía tirada en la tierra totalmente exhausta, luego de haber caminado por espacio de una hora. Por supuesto, esos 15 minutos de la cuál hablaba el único ser viviente que vi durante mi subida fueron mentira, pues necesité para llegar otra hora más de caminata.

Mi andar inició a las 11:00am y no fue hasta la 12:40pm que pude llegar al primer juego de escalones. Uno, dos, 50 escalones… no sé cuántos subí, pues dejé de contar en el número antes mencionado.

Seguía subiendo, aunque ahora desde la sombra, pues estaba arropada por un manto de copas de árboles que ocultaban el cielo soleado. ¡Veo luz!, exclamé y con esto pisé el último escalón y saqué mi cabeza ante el majestuoso paisaje. La brisa impetuosa golpeó mi rostro, el zumbido del viento revoloteó en mis oídos y una sensación de libertad me despertó los sentidos.

Caminé entre los tablones con mucho cuidado, el temor por caer al precipicio no me impidió avanzar, las emociones conmovieron mi espíritu y una lágrima corrió por mi mejilla. Mi alma era liberada de aquella tristeza que había dispuesto a exorcizar y, con cada paso solo podía agradecer al creador por todo lo que mis ojos alcanzaban a ver.

Desde Gaital se divisan los dos océanos ?(Pacífico y Atlántico), el castillo de Campana, la Laguna de San Carlos y el mismo Cerro Picacho, comprendí desde ahí que el sudor, el jadeo y el cansancio, valió cada segundo, minuto y esfuerzo. Es por esto que defino mi experiencia en el Cerro Gaital, como uno de los lugares separados por Dios, para traer libertad y encontrar esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

IMPRESIONANTE

Paisaje

Desde Gaital se divisan los dos océanos, el castillo de Campana, la Laguna de San Carlos y el Cerro Picacho.


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