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Panamá

El ataque a la ciudad de Panamá y el desastre del Puente de Calidonia

El ataque a la ciudad de Panamá y el desastre del Puente de Calidonia

sábado 12 de noviembre de 2022 - 12:00 a.m.
Rommel Escarreola Palacios
redaccion@elsiglo.com.pa

IV Parte

El ejercito de campesinos y pobres caminaban gritando viva el partido liberal y con sus fusiles en mano aceleraban la marcha. Desde lejos se veía la ciudad y en espera de la llegada de las otras compañías. Las razones sobraban triunfar o morir era la consigna y en las pisadas se escuchaban como truenos en furiosa tempestad.

Mientras la orden absoluta era cumplir el mandato supremo del Estado Mayor liberal, el General Herrera que había avanzado sorpresivamente a pasos de la ciudad pensaba exigir la capitulación. Esta decisión unilateral rompía la rompían el plan de ataque. El 24 de julio como un soplo pasa inadvertido se llegó ese día y siguió el 23 y 24. El General Herrera del bando liberal estaba maniobrando para cambiar el plan de ataque. Ese 23 de julio el General Simón Chaux, conversó con el Dr. Porras solicitando a título del General Herrera, le proporcionara las tropas y asaltar la ciudad, y Porras se negó. En forma torpe Chaux se devolvió y frente a Eusebio A. Morales y Carlos A. Mendoza grito el 24 atacaremos la ciudad. Entonces Porras replicó vamos al desastre.

El Dr. Porras argumentó ante Morales y Mendoza lo siguiente: ‘Estos cambios son sobremanera peligrosos en la guerra, porque en ella, lo más importante es que cada cual éste resuelto a ejecutar la parte que le toca, y si durante muchos días se vacila en el empleo de tales o cuales medios, la perturbación de los ánimos es inevitable y con ella el fracaso del proyecto de suerte que vale más persistir en el plan convenido al principio, cualquiera que sea sus inconvenientes.' (Memorias. p. 351)

El personalismo de Herrera inflamado del ego y del ungido que tomaría la ciudad sin el apoyo de los otros batallones. Marcho por el corredor de la muerte desde Perry s Hill, donde se encontraba el antiguo Colegio Javier y la Cresta hasta el Puente de Calidonia lo que hoy es la plaza Cinco de Mayo. Se escucharon los primeros tronazos y las descarga de ametralladoras. Que desgracia iban al patíbulo y la derrota. Mientras los otros batallones apurados para sofocar el desastre se escuchaban al unísono el traqueteo de los cañonazos. El Dr. Porras había llegado a Fárfan y contrario los campesinos en armas aún convencidos en los triunfos alejados de momento que se convertía de gloria en agonía.

Lo más cerca que las tropas liberales habían llegado era unos pocos metros de la antigua Casa Miller. La rabia explotaba y el Dr. Porras tomó un pequeño barco el Gaitán. La noche tocaba el relog era las diez, (10) doblaron cerca de Flamenco y desembarcaron en Boca la Caja. Las manecillas marcaban las cinco y media de la mañana. Escribe Porras lo siguiente: ‘Al arrimar se veían en ella, no obstante la neblina que cubría la costa, grupos de soldados y oficiales nuestros. Con todo, pesar de llevar el alma quebrantada por la desesperanza, no los tomé por desbandados de nuestr o campamento, sino guardas de un retén colocado en ese punto por Herrera. Cuando me hallé en tierra y vi a esos hombres descalzos, con el pantalón arremangado hasta la rodilla, cubiertas sus piernas de lodo, el rostro pálido y la mirada triste fue cuando me cercioré de lo que pasabá. Me rodearon en silencio, y uno de ellos, José Antonio Granados, me dijo en voz ahogada, sacudida por el llanto: Todo ha acabado, doctor.' (Memorias. p. 355)

Solo las tropas de Perry s Hill avanzaron de primero, con el ánimo de obtener bajo los silbidos de las balas enemigas y colocar la bandera roja liberal en el Puente de Calidonia. Las tropas de Corozal quedaron congeladas nadie sabía que sucedía, menos los de Punta Mala y Tivoli. Las tropas que estarían detrás del Cerro Ancón llegaron tarde. La comunicación entre los puntos estratégicos fue desarticulada por el afán personalista del General liberal Emiliano Herrera. La carencia de puntos de protección o promontorios de tierras donde el ejército liberal se hubiese defendido no existían. La llanura de Calidonia era perfecta para medir desde la altura del Puente de Calidonia a los liberales. No existía forma de cubrirse de los tronazos de los cañones y del repique continuo del plomo de las ametralladoras apostadas por el ejército conservador en la altura del Puente de Calidonia.

Aquí cabe la frase darle al cornetero de una tropa militar la dirección de una sinfónica y terminara en un chillido que te retumbaran el tímpano. En esa mañana escribe Porras al lograr avanzar hasta Perry s Hill, se encontró con hombres: ‘tendidos unos al raso, sin sombrajos ni abrigos; andando algunos, sentados otros alrededor de la hogueras…reinaba, al contrario, una tristeza inmensa, semejante a la de las casas en donde hay un enfermo.' (Memorias. p. 356)

‘El personalismo de Herrera inflamado del ego y del ungido que tomaría la ciudad sin el apoyo de los otros batallones. Marcho por el corredor de la muerte desde Perry s Hill, donde se encontraba el antiguo Colegio Javier y la Cresta hasta el Puente de Calidonia lo que hoy es la plaza Cinco de Mayo'
 


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